miércoles, mayo 23, 2007

"Los Más Pobres"


"Recursos Humanos" (Ressources Humaines, 1999), dirigida por Laurent Cantet es -como una amiga me la describió- una excelente película política. Se sitúa en la Francia que acaba de cambiar su legislación laboral a las 35 horas semanales (reforma que Sarkonazy está prometiendo deshacer para "reactivar la economía").
Franck es un joven universitario que acaba de egresar de economía y viene a hacer su práctica a la fábrica donde su padre ha sido obrero por más de 30 años, justamente a desempeñarse como gerente de recursos humanos para adaptar la fábrica a la reforma. La manera en cómo se plantea el tema de la desigualdad es sutil y directa: padre e hijo toman desayuno juntos, se van juntos a la fábrica, pero el hijo viste terno, el padre overall, el hijo trabaja en las oficinas lejos del ruido y almuerza con los ejecutivos, el padre operario de maquinarias almuerza con los otros obreros. El giro se da cuando Franck se da cuenta que en la reducción de personal su padre será despedido. Ahí los que antes parecían fanáticos y porfiados líderes sindicales, aparecen como aliados al momento de "darse vuelta la chaqueta" (o sacársela, más bien).
Las actuaciones son excelentes, y la película es imprescindible. Sin duda da para hablar de muchísimos temas, y se abre la invitación a sacarlos a colación, pero uno de los que más me da vueltas es el academicismo economicista para tratar temas como los "recursos humanos", o "los más pobres".
Punto aparte merece la sóla noción de "recurso humano", el ser humano como un recurso más, todo (naturaleza, gente) visto como recurso. Momento acorde de la metafísica actual, dirían varios heideggerianos.

El domingo pasado salió publicada una columna de Hernán Büchi en el cuerpo de reportajes de "El Mercurio" (acabo de dejarles el link). En ella, el economista "responde" a Al Gore a pito de su charla sobre el calentamiento global. Büchi argumenta que dado que aún no hay cifras exactas (es imposible que las haya) y que no hay nada del todo "concluyente", no habría que apresurarse a castigar el uso de la energía a riesgo de causar problemas para los "más pobres", como la pérdida de millones de empleos por aplicar, por ejemplo, el protocolo de Kyoto, que es un chiste en cuanto a la cantidad de emisiones que pretende bajar (sólo un 8%, pocazo).

Büchi, que para cualquier economista neoliberal es todo lo capo que se quiera, cae inmediatemente en una falacia: La energía no es lo mismo que el petróleo y otras formas contaminantes y calentadoras del planeta. Esta falacia es propia de todos los economistas adherentes a la escuela de Chicago (universidad fundada por el magnate petrolero Rockefeller, y financiada por intereses petroleros): el funcionamiento real del "mercado" (matonaje, más bien) del petróleo se omite, y se le considera como forma exclusiva de energía.

Por otro lado, Büchi, siguiendo la línea de las posturas "negacionistas" del calentamiento global, relativiza la real causa humana de éste (rebatiendo a miles de científicos) diciendo que es un ejercicio altamente especulativo.
Especulativo.... ¿Como qué? ¿Cómo las acciones en la bolsa? ¿Cómo el precio del petróleo? ¿Cómo los neoliberales y devastadores capitales golondrina?
Que no sea patudo.

Y para rematar, lo más enervante: el clásico discurso del economista de derecha que advierte que las consecuencias de medidas regulatorias afectarán más que nada a los "más pobres". Esto parece campaña política. Mientras él fue ministro de Hacienda este país creció en desigualdad y esos pobres se hicieron "más pobres", y los mismos ricos se hicieron más ricos. Büchi lamentablemente está fuera de la realidad, como -guardando las proporciones- Hermógenes Pérez de Arce.

Si su argumento más fuerte es que las políticas para "detener" (si es que eso es posible) las consecuencias del calentamiento global tendrán fuertes repercusiones económicas, quiere decir que el ex-inteligente economista no es capaz de ver que la causa principal del calentamiento global está en el mismo sistema económico. Es decir, se está "delatando" solo.

¿Les molesta? ¿Y cuando los políticos hablan de los más pobres? ¿O del Transantiago? Fuera de la academia, está la realidad. Fuera de la política está la verdad

Por favor, reAcciones

2 comentarios:

Ana dijo...

Me molesta, obviamente. Sobre todo, viniendo de alguien que casi se murió de un cáncer a la piel.
Se le habrá olvidado, digo yo?

Anónimo dijo...

un viejo adagio:
hay que matarlo

monje