lunes, julio 12, 2010

El Gesto de la Semana: Economía Política del Transantiago

La micro con rodilla: un símbolo del Transantiago y fuente de sustos para los ciclistas.

Desde que hace algunos años le tomé el gusto a andar en bicicleta con lluvia, que prácticamente no utilizo el Transantiago. Mis desplazamientos casa-trabajo (que ocupan alrededor del 90% de mis viajes en la ciudad) los hago pedaleando, demorándome lo mismo o menos que si lo hiciera en micro o en metro. Y es, de los tres, claramente el medio de transporte más agradable.
Lo que quiero decir con esto es que ando en micros del Transantiago, sin exagerar, unos 3 días al año. Como mucho. Con esto cumplo con el requisito indispensable de todo aquél que pretende criticar, planificar, reformar, o mejorar el Transantiago: no usarlo.
De cualquier modo, esta columna no tiene ninguna de esas pretensiones.

El Transantiago es un buen "analizador" de nuestra realidad sociopolítica. En él (o a propósito de él) se pueden poner en juego muchas tensiones, ideologías y conflictos que tienden a ocultarse bastante bien.
En otras palabras, Transantiago es una excelente excusa para hacer algo que nos gusta mucho a los humanistas: hablar de otra cosa.

Veamos algunos ejemplos:


1) El déficit.

Mientras la derecha era oposición, el principal problema del sistema de transporte era que consistía en un "pozo sin fondo". El déficit del Transantiago era un problema muchísimo más grave que la calidad del servicio. Y todavía lo es.
Esto significaba mucha prensa a la hora de votar las "inyecciones" de recursos en el Congreso, y las amenazas de que no iba a haber más plata hasta que se solucionara el sistema. La derecha nunca ha dejado de ver el Transantiago como un mal negocio. Vale decir, una empresa cuya planificación y gestión deficiente hace que pierda plata.
El tema es que el transporte público probablemente debiera considerarse mucho más como un servicio básico que como un negocio. En este sentido, la orientación debiera estar en garantizar una racionalidad en los viajes dentro de la ciudad a la gran mayoría de la gente que debe desplazarse desde el lugar donde vive hasta donde trabaja.
¿A qué voy con esto? Pues a entender que es en el transporte público donde mejor se pueden poner recursos públicos a quienes más lo necesitan. Subsidiar el precio para que no alcance los 800 pesos es algo que beneficia muy directamente a los sectores que menos poder adquisitivo tienen. Porque para que el Transantiago sea "negocio", el pasaje tendría que subir mucho más todavía.


2) Las alzas.

Ya que estábamos hablando de esto, es en el subir el precio del pasaje donde se juegan las mayores sensibilidades políticas del asunto. El gobierno anterior -acusan en el actual- postergó un par de alzas comprometidas. Parece que no se quiso poner en riesgo la re-elección de la Concertación dilatando una medida intrínsecamente impopular. El gobierno actual tuvo algo de paciencia, pero inteligentemente escogió un par de partidos de Chile en el mundial para hacer las alzas. La alegría momentánea del fútbol fue capaz de aplacar la posible rabia.
Aunque en verdad creo que no somos muy capaces de articular movimientos sociales para defender derechos o causas. Y al parecer, el gobierno también cree lo mismo. De hecho, una de las formas de traspasar la responsabilidad (culpa) de las alzas a los mismos usuarios ha sido por la evasión: el pasaje sube porque entre ustedes hay quienes no pagan.


3) La evasión.

Hablando de la evasión, resulta interesante fijarse en las leves diferencias comunicacionales para combatirla que se guardan con la administración anterior. De los mensajes lúdicos y parcialmente colectivos de 31 minutos se pasó a un no metas la mano en el bolsillo de los que sí pagan. La apelación aquí no es a un sistema que se pone en riesgo, sino a que los que no pagan le roban a los que sí pagan.
El discurso derechista deja en claro que es la propiedad privada el único articulador de intereses y motivador de conductas. Que esto hay que mirarlo como interés individual y no colectivo. Y aunque parezca sutil la diferencia, aquí es donde pueden aparecer los contrastes entre entenderlo como un servicio que se le da a individuos y un sistema de transporte público.
Diferencia no menor, porque los individuos acomodados y egoístas que han florecido con esta manera de ver las cosas optaron por una salida cómoda y egoísta: subirse al auto. El absurdo cuadro que se puede ver a las horas de los tacos es que 9 de cada 10 autos sólo llevan a su conductor. Más de una tonelada de fierros para trasladar a una sola persona. A ese ritmo, unas cinco personas en sus autos ocupan el espacio de una micro en la calle.


4) La propiedad.

Uno de los grandes sellos del Transantiago es el ser una expresión de la manera concertacionista de hacer las cosas: ni chicha ni limoná. Un sistema planificado centralmente por el Estado pero operado y gestionado por privados. Independiente de esas declaraciones pre-candidatura de Frei ("Hay que estatizar el Transantiago"), lo cierto es que el Transantiago tiene esta condición mixta donde el Estado tiene poca injerencia, contratos demasiado permisivos, nula capacidad de fiscalización y obligación de ponerse siempre con la plata.
Es prácticamente el negocio perfecto para privados: ganancias aseguradas y posiciones monopólicas.
La Concertación no tuvo el coraje (probablemente tampoco el piso político) para intentar hacer un sistema de transporte público estatal. Es cierto, tampoco tenían las micros, pero la negociación de los contratos dieron cuenta de una muñeca débil. Siempre va a ser complicado entregar servicios públicos monopólicos a privados (como la electricidad y el agua), porque los "clientes" quedan a merced de no tener alternativas.
Para la derecha este régimen de propiedad es un alivio. El gobierno se desentiende de las demandas de los choferes en paro por ser un problema "entre privados", mientras los trabajadores sin sueldos ni imposiciones pagadas llevaban varios días pidiendo que se sentara el ministerio en al mesa de negociación.
Y no es de extrañarse, Ana Luisa Covarrubias, negacionista del calentamiento global y actual coordinadora del sistema era una "experta en transporte y medioambiente" del Instituto Libertad y Desarrollo. Siempre fue crítica del Transantiago, al que rotuló en su momento como una "mala idea, mal implementada".
En cualquier caso, no deja de ser paradójico que la derecha pida ahora mayores atribuciones para el Ministerio de Transporte. Rara vez se les puede ver pidiendo agrandar el Estado.


5) El Centralismo.

El mismo nombre del asunto desnuda el odioso centralismo de nuestro país. La prensa y políticos transformaron en un problema nacional lo que era solamente un problema de los santiaguinos. Como la mayoría de la población no vive en Santiago, había un pasar a llevar a las demás regiones y provincias utilizando recursos de todo el país y teniéndolo como tema país. Los populistas parlamentarios intentaron capitalizar esta molestia condicionando la entrega de nuevos recursos a mayores fondos para las regiones, sin embargo se desperdició una oportunidad para pensar realmente el tema: cómo dotar cada región o gran ciudad de nuestro país de un sistema de transporte confiable, racional y limpio.


6) Los cambios.

Nos habíamos (mal)acostumbrado a las micros amarillas. No había que esperarlas tanto y las veces que uno se tenía que ir parado eran solamente para las horas de alta demanda. Uno podía pedirle al micrero que lo llevara por menos plata y se podía cruzar Santiago cardinalmente sin bajarse nunca de la micro. Esto se pagaba con carreras entre las micros y los consiguientes accidentes, con un parque de micros mayor (aunque no mucho mayor) al actual y la consiguiente contaminación por el uso de una gran mayoría de micros viejas y humeantes.
El sistema actual eliminaba parte de las micros, utilizaba máquinas modernas y limpias y eliminaba las carreras y el manejo de plata por parte del conductor. Con el tiempo se dieron cuenta de que había que meter más micros en las calles, lo que implicaba "enchular" las antiguas.
Hoy, dentro de las reformas que se vienen, está el alargar los recorridos para que la gente tenga que hacer menos transbordos, poner distintos operadores en un mismo recorrido para que compitan y modificar el sistema de pago a los conductores para que se les pague por servicio prestado.
Estos cambios huelen tristemente a un regreso a lo peor de las micros amarillas: Choferes sin salario fijo, preocupados por manejar y por que los pasajeros paguen, y carreras de micros en las calles. Soluciones privadas para un problema "entre privados".

Por Favor, reAcciones

15 comentarios:

Paulina dijo...

Quizás yo tenga alma de masoquista, pero la verdad siempre he sido fan del Transantiago.
De esas que lo defiende, que pelea, y que a pesar de todo se sube a la micro con una sonrisa, porque ahora sabe que el chofer no le tirará las monedas por haber pagado escolar, parará donde corresponde, no tendrá que gritarle al chofer que maneje con cuidado porque no lleva animales y cumplirá todo el recorrido.
En fin, no niego que tiene muchas falencias y que queda mucho por mejorar. Pero, caminar por la Alameda y poder conversar sin gritar porque el sonido de las micros ya no es ensordecedor, para mi es lo mejor.
Por lo menos para mí, hacer un transbordo para poder ir de mi casa en La Reina a la de mi pololo en Conchalí, es un bajo precio por el gusto de tener una ciudad menos contaminada, congestionada, más agradable. Y si por eso me demoro 10 minutos más y tengo que caminar 2 cuadras, pues lo hago feliz.
Y no me digan que le pregunte a la gente en la periferia, porque sé de primera fuente que los vecinos del paradero 52 de Santa Rosa están agradecidos de tener una micro que efectivamente entre a las villas y que no los deje en el cruce a la entrada obligandolos a caminar varias cuadras, como lo hacían las amarillas. Y lo mismo pasa en Quilicura o en Maipú.
Al final, es claro para mi que muchas de las quejas se plantean desde la comodidad, desde el egoísmo y desde la configuración de una imagen negativa de "lo público".

Anónimo dijo...

Cuidado con el simplismo de decir que el transporte debiera considerarse como servicio básico, y proponer un subsidio.
El gran problema que tiene el transporte de pasajeros es que, de no mediar un efecto restrictivo (normalmente efectuado sobre el bolsillo del viajero), el uso que se le da es indiscriminado, y termina colapsando el nivel de servicio. Si la micro costara $100, la gente se subiría a ella hasta para avanzar 2 cuadras. Por lo tanto el efecto restrictor tiene que estar a nivel del individuo que usa el medio de transporte. En el caso de los autos el efecto es directo (los costos van directamente al bolsillo), pero va acompañado de ciertos elementos que invitan a ocuparlo, como es el amortizar la inversión (si me gasté hartas lucas en comprarlo, lo uso todo lo que pueda).
El sistema de transporte público no puede ser barato; aunque sea poco popular la frase, así debe ser para que las ciudades no colapsen. Pero si debe ser eficiente, y en el caso del viaje con fin laboral, este pasaje debería ser cubierto por el contrato laboral (y que no pudiese ser destinado a otros fines).

Saludos

Juan Emar dijo...

Paulina: le agradezco su testimonio, que no me suena tan aislado después de todo. Su aporte le devuelve la perspectiva usuaria al asunto sobre la cual se construyen tantos supuestos. Evidentemente no todos los usuarios dirán lo mismo, pero bien vale la pena recordar que sí hay alguno/as que son capaces de verlo de otra manera...
Saludos

Anónimo: concuerdo que no se debe caer en simplismos. Pero de ningún tipo. Si seguimos su razonamiento "rational choice", una persona que está dispuesta a subirse a un servicio colapsado por dos cuadras no tiene vuelta.
Lo cierto es que ha sido la incomodidad lo que ha empujado a los usuarios a la bicicleta o al auto, más que el precio.

Defiendo que el Transantiago se mantenga subsidiado y se considere como servicio público dada su importancia estratégica y el público que abarca. E insisto que es un buen lugar para redirigir los recursos públicos.
En esta línea, su ejemplo final adolece de una consideración nada menor: ¿Qué pasa con quienes no tienen contrato de trabajo, ya sea por ser cuenta propia o por estar en una situación informal? Situaciones bastante frecuentes en los sectores más vulnerables...

Con todo, es claro que no soy un experto en el tema y no fue mi intención el dar propuestas técnicas al problema. Sólo quise poner en juego ciertas miradas y tensiones de poder que están en juego. En cualquier caso, creo que en la ciudad debe perfeccionarse el sistema público de transporte, desincentivarse el uso del auto e incentivarse el uso de la bicicleta. Por ahí va la clave de una ciudad más amable y vivible.

El transporte público tampoco puede ser caro: dejas sin alternativas a quienes tienen menos. Recuerde usted que la gran causa del aumento de la pobreza en la CASEN está en un aumento de precios superior al de los ingresos.

Saludos

Anónimo dijo...

Estimado Juan Emar

Como bien esgrime, el simplismo no sirve para tomar buenas decisiones. Pero mi respuesta simplista buscaba rebatir la hipótesis simplista propuesta ;-)

Respecto al tema de la pobreza y el transporte, es importante hacer notar que, para los análisis, se dividen dos tipos de viaje: el viaje ida y vuelta al trabajo, y los viajes privados (o sea, por razones que solo le incumben al viajero). Los viajes al trabajo no son aumentados o disminuidos porque el precio cambie, es decir, es inélastico. Respecto a los otros viajes, si hay una correlación con el precio; esos viajes deben ser racionalizados , dado que el libre uso (subsidio) terminaría matando cualquier sistema. Por ello es que mantengo la idea de que los viajes inelásticos (al trabajo) deben tener un subsidio real. Respecto a los desempleados o con trabajo informal, al acreditar esa condición podrían hacerse dueños de un pase (tarjeta, etc) que les permita realizar viajes para ir a buscar pega, o algo parecido: en ese caso, subsidiar la demanda; pero subsidiar la oferta, nuevamente, mata cualquier sistema público.

La solución de largo plazo, que es MUY dificil de implementar, dado que tiene que ver con el crecimiento de las ciudades, sus planos reguladores y el urbanismo en si, es que las ciudades, para ser eficientes, no deben estar estratificadas tan fuertemente, y que las áreas habitacionales queden en un extremo y los centros de actividades (trabajo, comercio, etc) queden en el otro. La gente, naturalmente, debería vivir relativamente cerca de su trabajo y tener comercio disponible también. Pero esa si que es una discusión de muy alto vuelo, con millones de ribetes.

Saludos, muy bueno el blog

RaRo dijo...

recuerdo en Noruega haber visto una pintada "si ves a un chileno que no paga el transporte público, no lo denuncies, es su cultura".... me sentí plenamente identificada... saludos de nuevo

Anónimo dijo...

honestamente creo que el gobierno tiene una nula capacidad de reformar y mejorar un sin fin de deficiencias... o simplemente no quieren hacerlo. En este sentido, no difieren mucho de las gobernaciones anteriores.
Ni transporte, ni salud, ni educacion digna! y la lista sigue.
Me pregunto hasta cuando la sociedad será capaz de permanecer tranquila e ignorante sin ser capaz de poner en la discusion publica temas de fondo para dejar ver la absoluta incompetencia de la clase politica...
que hubiese un terremoto solo en La Moneda y en el Congreso no seria nada lamentable...

excelente columna!
saludos

atte.
fiel usuaria del Transantiago

maldonado dijo...

Creo que el Transantiago es un sistema deficiente porque precisamente su implementación se ha dejado al libre arbitrio de los tecnócratas. Y sabemos que el primer pecado de un tecnócrata es el de carecer de sentido común. Cuando un tecnócrata argumenta que algo es "simplista", por ejemplo, ya nos está avisando que lo suyo no se funda en el sentido común, sino que en estadísticas, análisis, correlaciones, etc; o sea, en lo que ellos denominan "dato duro", un remedo de realidad en la que apenas si dan pie con bola. Ilustrativo es aquello de perder el tiempo en debatir si subsidiamos la demanda o la oferta, en circunstancias de que el destinatario final del monto de ese subsidio es el mismo ladrón monopólico. La guinda de la torta es aquella frase autocomplaciente de que "el transporte público no puede ser barato", porque o si no, "las ciudades colapsarían". Cualquier asesor del actual ministro de Transporte no podría haberlo dicho mejor.

Miguel A. Pérez dijo...

3 puntos:

1. las alzas vienen de hace rato, 120 pesos en el gobierno de piñera, de mucho antes que los partidos. una corrección que es más que notoria para quienes somos usuarios.

2. las alzas. no se si sean, hasta hoy, tan brutales, aun cuando no se justifican. me explico, mucha gente en las micros amarillas tomaba 2 o más micros para llegar a su trabajo, por consiguiente pagaba 4 o 6 pasajes diarios. ahora, tome las micros que tome, solo paga 2 viajes en la ida y vuelta, por lo que matematicamente no existe tal alza para esos usuarios, quizas por eso aun no hay manifestaciones populares al respecto.

3. un punto que poco se toca es el del sueldo de los choferes, muy cercano a lo que un profesional joven llega a ganar en sus primeros años de ejercicio. sobre los 400 mil pesos, a mi parecer injustificados si se considera que el trabajo es más sencillo y menos pesado. existen sistemas de turnos que luego de 3 vueltas se van para sus casas, trabajando media jornada. entonces esto desencadena en 'sobre-estimaciones' de costos, que seguramente se hicieron para atraer a los privados y hacer de esto un buen negocio. claro que lo es, pero lo pagamos los usuarios, y por un pesimo sistema.

saludos.

Anónimo dijo...

El esgrimir elementos técnicos por sobre los políticos es lo que le da seriedad a los análisis en el tiempo. Un político, obviamente, buscaría que el transporte público sea gratis. Suena perfecto, muy a favor de las necesidades del pueblo y de los mas desposeídos; ojalá que toda la canasta básica fuera gratis, y que el que quisiera, la tuviera. Eso es el cenit del populismo.

Otra cosa es pensar, con los pies en la tierra, de los efectos que las medidas provocan. Si los argumentos respecto a que, al abaratar el transporte público, haría que este colapse, suena a tecnócrata, lo lamento, pero a mi me parece que tiene que ver con el sentido común. Y, realmente, si queremos subsidiar a los usuarios, es mejor hacerlo por vía de la demanda (ej, dar un bono de locomoción mas grande) que a través de la oferta (buses baratos).

Curiosísima la frase de "el destinatario final del monto de ese subsidio es el mismo ladrón monopólico". Entiendo con eso que el "ladrón monopólico" es el operador de buses ¿cierto?. O sea, el usuario no es beneficiario del subsidio (sic). Y, seguidamente, se subentiende que el que quiera ganar plata es per-se un ladrón.

Eso suena mucho a un político, pero de los mediocres.

Saludos

Gus dijo...

Interesante y complejo tema don Juan.

Sin embargo, al no sentirme parte ni del mundo poolítico ni del tecnócrata, planteo algunas preguntas (al Sr. Anónimo y al Sr. Miguel Ángel Pérez):

-¿En base a qué (o quién) se da por sentado que los elementos técnicos son los que efectivamente dan seriedad a un análisis en el tiempo?
-¿Por qué es mejor subsidiar por vía de la demanda que a través de la oferta?
-¿Sobre qué base se infiere que el que quiera ganar dinero es un ladrón?
Una respuesta carente de falacias argumentativas sería muy apreciada por mí, estimado Sr. Anónimo.

-¿Por qué parece injustificado el sueldo sobre los 400 mil pesos a los choferes del Transantiago? Creo que la responsabilidad es bastante grande al transportar a un gran número de personas.
Reitero, una respuesta carente de falacias argumentativas sería de inmensa ayuda.

Muchas gracias de antemano a ambos por sus respuestas.

Y estimado Don Juan Emar, apenas resuelva tales dudas podré comentar sobre su columna con mayor profundidad. Un abrazo

Anónimo dijo...

Estimado señor Gus

Muy de acuerdo con sus preguntas:
1) En base a que solo a través de esos elementos se puede MEDIR y COMPARAR la eficacia de la decisión. La medida política es una suerte de SI o NO (resultó o no resultó), y tiene el gran problema de que los costos para llegar a un buen resultado pueden ser inconmensurables. Por lo tanto, se debe siempre tener un análisis técnico que soporte las decisiones; si prima lo político, sin análisis técnico, se puede terminar generando un hoyo negro. Como observación, no digo con esto que la decisión política sea incorrecta, lo que digo es que esta debe estar fundada en análisis técnicos.
2) Porque el subsidio a la oferta provoca un uso indiscriminado; el subsidio a la demanda permite a los usuarios hacer uso de este subsidio para enfocarlo en soluciones que mejor satisfagan su necesidad. En este caso, comparar, por ejemplo, que todos los buses fueran gratis, versus que todos recibieran un bono mensual de $20.000. En el primer caso tendríamos micros llenas, y la gente subiendose a ellas para ir a comprar el pan o para dar una vuelta a la manzana. En el segundo caso, la persona puede juzgar que hacer con el bono, y quizas usar la mitad para un viaje de larga distancia a ver parientes en otra ciudad, etc. Pero, en el momento que va a tomar una micro, compara ese costo contra el poder adquisitivo de esa plata, y puede preferir comprar medio kilo de pan.
3) Se infiere en base a que "ladrón monopólico" parece ser el señor que opera los buses, servicio por el cual gana dinero "a costa" de los usuarios. Si esto está regulado por el estado, y paga impuestos, etc,etc ¿por que es un "ladrón"?...solo se puede entender por el hecho que se le atribuye que la ganancia que tiene es un robo, por lo que cualquiera que gana plata ofreciendo un servicio estaría robando.

Saludos

maldonado dijo...

Parece que nuestro señor anónimo, tecnócrata encubierto, sabe mucho de política, pero muy poco de ética. Para él, por ejemplo, buscar la gratuidad del transporte público y de la canasta básica no es ni siquiera un ideal, sino que es “el cenit del populismo”. Pasando por alto el hecho de que en ningún momento afirmé dicho ideal, el empecinamiento en tratar de circunscribir la discusión en la dicotomía oferta/demanda nos lo retrata de cuerpo entero. En su estrecho análisis, la totalidad de las personas actúan de acuerdo como él piensa y desea que actúen, es decir, aprovechándose de la gratuidad de un servicio y haciéndolo colapsar. No niego que haya mucha porquería con ropa de gente, pero creo que hay otros mecanismos para disminuir sus efectos, aparte del monetario. En efecto, reafirmo que considero al operador del Transantiago un ladrón monopólico, porque aunque existiera más de un operador, todos ellos funcionan bajo la lógica de las grandes cadenas farmacéuticas sin ir más lejos, o sea, la colusión. Que la Fiscalía Nacional Económica no lo considere así, o que paguen impuestos, etc, etc, me tiene sin cuidado. Sin embargo, de aquí no se deriva, necesariamente, que todo aquel que gane plata ofreciendo un servicio es un ladrón. Eso es sólo un eufemismo tecnócrata. Por último, yo sé que las escuelas, universidades y medios de comunicación viven blanqueando la naturaleza primaria e ideológica del estado (ése que se escribe con mayúscula); pero no hay que olvidar nunca ese otro ideal: que estaríamos muy bien sin él.

Juan Emar dijo...

Pues parece que efectivamente el Transantiago es una buena excusa para poner en juego las ideologías...

Anónimo: por supuesto que los ribetes son amplios y tenderán a conectarse con la (nula) planificación urbana. Con todo, me permito aclarar que no se trata de que el Transantiago sea gratis (libre uso), pero sí que esté subsidiado. Entenderlo como un servicio público. Y aunque me duela admitirlo, hasta este gobierno ha comprendido eso y ha impulsado recientemente reformas en ese sentido.

RaRo: ¿Hay alguna forma de ver un registro gráfico de dicha pintada o cartel? Hace un tiempo hubo una discusión en un grupo de correo de colegas y varios no sabían si se trata de un mito urbano o de una realidad esto de los carteles en Europa que advierten de nuestro carácter de ladrones.
Saludos

fiel usuaria: no sé muy bien cómo contestar a su pregunta retórica. Personalmente me declaro pesimista en torno a la capacidad de "despabilar" de la gente de este país. Ojalá me equivoque y que estas alzas sean una oportunidad para tomar cartas en el asunto y pasar a ser protagonistas y no meros observadores resignados.
Sobre esos terremotos, me sumo: no serían nada lamentables (aunque el palacio de La Moneda me gusta estéticamente)
Saludos

Maldonado: lamentablemente los tecnócratas están apernados en el poder. Y a ellos no hay cambio de mando que los saque...
Saludos

Miguel A. Pérez:
1)Agradezco la informada corrección. Pero concédame que esas alzas en los partidos fueron una gran movida.

2)Puede ser. De hecho, es muy probable que con las micros amarillas el precio del pasaje estuviera más alto. Ahora, independiente de que si son justificadas o no, a menor ingreso, mayor es el impacto (discúlpeme la obviedad).

3)Este tema es bien delicado, aunque concuerdo que hay que plantearlo. No me queda tan claro que la pega sea tan fácil. Eso es lo primero. Sobre los montos que usted plantea, los desconozco, pero si son 400 mil pesos por media jornada de trabajo, me parece un sueldo para un profesional joven, como usted dice. No obstante, la evidencia indica que los choferes están lejos de tener condiciones dignas de trabajo (sueldos e imposiciones impagas hace meses), sumado a un trabajo que no está exento de stress, peligro y malos tratos.
Con todo, un chofer de las micros amarilla podía alcanzar esas sumas o más (claro que matando(se) trabajando).
Saludos

Anónimo: me permito meter la cuchara en lo que parece ser una discusión con Maldonado. El transporte público no tiene -realmente- bienes sustitutos. La persona que no puede pagar la micro difícilmente podrá subirse a una moto o a un auto. De hecho el aumento absurdo del parque automotriz está dado por gente que pudiendo andar en micro, decidió subirse al auto por comodidad (no por economía). En este caso, creo que el "sentido común" al que usted alude, no lo es tal.
Saludos

Gus: me quedé esperando...
Saludos

Anónimo dijo...

Estimado Juan Emar

Entiendo que se me tilde de "Tecnócrata" por tratar de llevar la discusión a algo mas robinhoodniano que pretender que los servicios públicos sean gratis y de libre disposición. Es claro que si se emite una opinión contra sentimientos tan nobles como querer ayudar a la gente, es obvio que me llegara una manifestación contraria y el epíteto descalificativo en forma seguida.

La discusión siempre debe ser alimentada por elementos que enriquecen los puntos de vista; la lata es cuando esta discusión se lleva al plano donde no es la idea propuesta la atacada, sino que el emisor de esta es el cuestionado....de alguna forma, si el que emite la opinión es un saco de pelotas, todo lo que diga es una estupidez. Es mas barato atacar al emisor que a la idea.

Ahora, circunscribiéndome a la idea que me hace postear, es importante rescatar otros elementos.
El transporte público (micro) es una de la versiones mas baratas de transporte (la mas barata sería caminar; otra es andar en bicicleta, etc), por lo que su argumento de que el auto o la moto no son sustitutos no es correcto: son sustitutos para aquellos que pueden pagarlo, o que valoran el tiempo y la comodidad tanto como para dejar de comprar alguna cosa en pos de tener una de estas opciones. Para el resto, podría serlo, si contaran con un bono que pudieran destinarlo a 1)Pagar una cuota de moto o 2) Viajar en micro, o 3) Comprar bicicleta, etc. En suma, se puede ver se esa forma.

El punto es que, socialmente, el ideal es que la gente se desplace mediante transporte público pues optimiza las calles, los consumos de combustible, etc; pero la libre disposición es lo que puede matar CUALQUIER sistema. Aunque suene a tecnócrata, es importante entender que lo gratis aumenta de tal forma su consumo que no existe forma de generar esa demanda. Cuando el agua es gratis, la gente la deja corriendo, abre los grifos en las calles, etc, la derrocha , matando toda la estructura que se hizo para potabilizarla y trasladarla a las casas; si la electricidad fuera gratis o muy barata, todas las casas usarían estufas eléctricas (que son muy baratas) y tendríamos que tener 500 centrales para generar todo el consumo, etc.
La solución socialista a esto (no en peyorativo, solo como anécdota histórica) es la de entregar cuotas: 20 mt3 de agua por familia al mes, 40Kw de consumo, o , en el caso que nos atañe, 60 pasajes gratis por persona al mes; cabe destacar que este tipo de iniciativas ha fracasado porque se crea una economía negra detrás (le vendo 30 de mis pasajes a otro, le hago una tubería trucha desde mi casa al vecino y le vendo mi excedente de agua, etc).

Por ello, mi primer argumento es que, para realmente disminuir los costos a las personas, la solución de Largo Plazo es el lograr una mejor distribución urbana.

Saludos

Juan Emar dijo...

Estimado anónimo (podría inventarse alguna firma para tener claridad de que hablamos siempre con usted): en general yo no soy muy amigo de los argumentos "ad hominem". Creo que usted tiene razón que es más fácil descalificar la persona que el argumento.
Ignoro si usted es o no un tecnócrata como afirma maldonado. En mi opinión, hay cierta forma de razonar que se acerca bastante a como yo entiendo un tecnócrata. Sobre todo a la hora de interpretar el rol de la política y de los ideales, que en algunos casos me parecen sobre-simplificados.
Yo tengo mi opinión formada sobre la tecnocracia, su necesidad y sus vicios. Esto independiente de su persona. Creo que el tecnócrata (así como cualquier persona) responde a una determinada ideología -que en el caso de la tecnocracia plantea no serlo- relativamente organizada y predecible. En ese sentido, no son defectos de usted como persona los que se atacan, sino de la ideología de la tecnocracia. Esto, claro está, tratando de interpretar las palabras de maldonado, aunque claramente es él quien debiera decirlo.

Bueno, la cosa es que si usted se ha sentido ofendido por mí, le pido mis disculpas ya que no ha sido mi intención atacarlo ni menospreciarlo, no obstante es evidente que tenemos distintas cosmovisiones o ideologías.

Ahora, volviendo al tema, tal como lo plantea, no creo que mi argumento sea incorrecto. De hecho, creo que usted ha planteado un argumento que es casi el mismo que el que yo he dicho. Sólo que usted se focalizó en quienes si pueden usar moto o auto propio y yo me focalicé en quienes no podrían (evidentemente, la mayoría de los usuarios del transporte público).
El dar bonos para comprar autos o motos me parece bastante fuera de la realidad y la practicidad. Me parece que es forzar demasiado la ficción para establecer que alguien se cambiaría de la micro a un transporte propio.
Ahora, tomando en cuenta que usted refrenda la necesidad e idoneidad de un transporte público, no ahondaré en discutir ese punto.

Por otro lado, pese a que es tercera vez que lo digo, insisto que yo no he hablado de gratuidad. Sin embargo, pese a que sí creo que lo gratis puede llevar al descuido (y eso intrínsecamente indeseable que para los economistas tienen los "free riders"), también creo que pueden haber soluciones no económicas a esas conductas. Basta con educar a la gente en la necesidad y escasez del agua potable para cambiar las conductas en su cuidado. Esto no tiene que ver con cuotas, sino con educación ambiental y conciencia cívica. Y no se lo digo de idealista, he visto funcionar experiencias exitosamente.

Educar es un proceso lento, difícil para las generaciones más viejas, pero que no debe excluirse de la ecuación. Porque la gracia de internalizar una conducta más allá de un cálculo económico, es que ésta tiende a reproducirse a generaciones futuras y a tener una estabilidad que no se ve afectada por viscicitudes económicas, por dar un ejemplo (en el caso que usted plantea, una persona muy pudiente podría no preocuparse por si deja corriendo el agua).

Ahora, sobre la solución de largo plazo, estamos totalmente de acuerdo (¡mientras incorpore infraestructura para bicicletas!)

Saludos y gracias por animar la discusión