lunes, diciembre 27, 2010

El Rock&Roll del momento: "You are the best" (Tratando de comprender a los gringos II)

Ni el maestro pasto seco Ozzy es capaz de hacer prender a los gringos

Siendo un amante de la música (sobre todo en vivo) y un pesimista-incrédulo, siempre me causaba algo de risa cuando las bandas extranjeras decían "gracias, ustedes son lo mejor, son un gran público, son increíbles, etc.". Nos reíamos con amigos de lo que nos parecía solamente frases prefabricadas y de buena crianza. Nos imaginábamos a la misma banda diciéndole exactamente lo mismo a todos sus públicos, y si bien en mis primeros conciertos llegaba a creerme el cuento y elevar el ego un poco porque un artista que admiraba me hacía sentir parte de un público especial para él, con el tiempo se me fue pasando.
Y la verdad es que no tenía muchas formas de comprobar si acaso eso de que los sudamericanos somos un público que le vuela la cabeza a los artistas de Europa o EEUU es un mito urbano o realidad.
Hasta ahora.

La primera pista creíble la tuve al ver un par de documentales de Sam Dunn -un director que le hace harto al buen documental de metal, se los recomiendo- : "Flight 666" (de la gira "Somewhere back in time" de Iron Maiden y "Beyond the Lighted Stage" (sobre la banda Rush).
En el primero, Bruce Dickinson (vocalista de Iron Maiden) decía que mientras más al sur (de América) iban, más caliente era el público (con sus puntos más altos en Chile y Argentina).
En el segundo, Geddy Lee (vocalista-bajista de Rush) hablaba de lo impresionante que era para ellos la primera vez que tocaban en sudamérica: La energía de la gente (fue Brasil el 2002 y una bandera chilena es de las primeras cosas que se ven cuando llegan al aeropuerto carioca), que se supieran las canciones y que batieran los records de audiencia que la banda tenía en sus presentaciones en vivo, eran elementos que no se imaginaban los miembros de la banda.

La pista más clara -lo acotado me impide hacer una generalización absoluta- la tuve aquí, en dos conciertos.
Si les interesa la ficha técnica del experimento, les puedo decir que se trató de dos recitales de músicos que ya había visto antes en Chile (lo que ayuda a tener un parámetro de comparación). Les puedo decir también que uno fue en Baltimore, Maryland y el otro en Philadelphia, Pennsylvania. Ambos lugares de estados fronterizos son parte de la costa este-meso atlántica de EEUU. Ambos sucedieron en estadios de básquetbol-hockey lo que da un aforo de 14.000 personas para el primero y poco más de 20.000 para el segundo.
Vamos al detalle.

El 11 de noviembre emprendimos un tortuoso viaje (uno de los peores de mi vida) en un incómodo y sucio bus de una empresa china rumbo a Philadelphia. Recorrimos la ciudad durante el día y cuando se vino la tarde encima nos fuimos al estadio para ver a Roger Waters. Esta vez presentaba todo el show del "The Wall" tocando el album doble completo con un despliegue bien impresionante de imágenes, muñecos, pirotecnia y -por supuesto- armando el mismo muro entre artistas y público. El entraba por el público como si fuera un mendigo, arrastrando un carrito con todo tipo de cachivaches que iba regalando.
El show es espectacular (en el sentido etimológico de la palabra) y tiene bastantes explosiones y fuegos, elementos que por alguna razón le gustan harto al gringo medio. Sin embargo, pese a que esta fecha era la tercera tras dos llenos el mismo día que salieron a la venta las entradas, dicho fervor no era visible en la recepción del público. Ocasionalmente un "¡wuuuuuu!" o un "¡¡¡yeeeaaaahh!!" de esos bien gringos, pero nada más. Pese a estar en su idioma, pocos cantaban las canciones. Y en mi entorno yo era el único. Como si fuera poco, varios se dan el lujo de llegar tarde e incluso salir en medio de canciones como "Mother" para ir a comprar más cerveza o cosas para comer. Y eso que había un intermedio entre disco 1 y 2 de más de 20 minutos.
La gente se comportaba como si estuvieran viendo un dvd en sus casas y ese contagioso fervor del público de música en vivo estaba lejos de aparecer.

El 29 de noviembre tomamos un metrotren a Baltimore (como a 45 minutos de Washington) para ver al maestro: Ozzy Osbourne. Mostraba su disco nuevo y estrenaba guitarrista y baterista en esta gira. Ozzy, lo hemos dicho en estas páginas, es el mismo de siempre. Su show ha variado muy poco en los años que lleva arriba del escenario y su modo de relacionarse con el público está básicamente intacto. Dice las mismas cosas y hace lo mismo. Sin embargo, esto lejos de ser monótono o poco original, es uno de los conciertos más animados a los que se puede ir. Ozzy es un motivador por excelencia y es imposible mantenerse quieto en sus conciertos. Simplemente no te deja. Sin embargo, la gente cabeceando era poca. Sólo quienes estaban ubicados muy cerca. Y la gente saltando, menos. Uno se siente haciendo el loco saltando solo. Nuevamente, al igual que con Roger Waters, la gente que canta escasea. Ni para "War Pigs" de Black Sabbath era posible escuchar al público como una voz uniforme. Otra vez me veía cantando la letra, rodeado de gente -que hablaba el idioma en que está escrita y vestida con poleras de Ozzy o de Sabbath- que prefería quedarse callada. Aún cuando el mismo Ozzy ofrecía el micrófono para que el público terminara las frases de la canción.

Los gringos, al menos estos gringos con los que me tocó ver ambos conciertos, son muy fomes. No lo sé si es porque están más acostumbrados a ver estos shows o si es porque tienen una manera muy "televisiva" de asumir todos los espectáculos y las esferas de la vida en general. Me inclino más por lo segundo.
Los latinos somos lejos más calientes en ese sentido. Pero no me convence que sólo sea un tema de escasez. La gente se comporta de manera tanto o más eufórica cuando ve artistas nacionales o que van a Chile todos los años.
Tiendo a pensar que hay un explicación que está mucho más ligada a la cutura que a la frecuencia de ver los shows, y que esta última sólo potencia la primera...

Por ahora, cuando dicen que el público latinoamericano es el mejor, les creo que lo dicen de forma honesta y no solamente como una forma de halagar a nuevos consumidores.

Por Favor, reAcciones


P.S.: Agradezco públicamente a Gus por haberme presentado a Sam Dunn.

viernes, diciembre 03, 2010

El gesto de la semana: Que le vaya mal al gobierno/que le vaya mal al país

"Parece que no bastó pasearme con él a todos lados y tenerlo sentado cerquita"

Ayer conversaba con uno de mis nuevos amigos por acá. Él es cubano, aunque a los 11 años se fue a Chile (me parece que su madre es chilena) y está en Washington desde comienzos de año en una situación bastante similar a la mía. Hablábamos de BecasChile y luego de "la nueva forma de gobernar", y en un momento me dijo:
"Igual yo soy de izquierda y todo, pero es complicado desearle que a estos hueones (la derecha) les vaya mal, porque quiere decir que a Chile le va a ir mal. Además, mal que mal, yo pienso que si la mayoría votó por ellos habrá que bancárselos nomás...".
¿Le suena conocido este argumento, estimada lectora, estimado lector?
Lo más probable es que sí, porque es de esas opiniones "políticamente correctas" que están bastante extendidas. Una "receta" la llamaría Shutz. Receta que tiene como función -en este caso- congeniar el deseo de venganza de un derrotado con la culpa que la moral judeo-cristiana le imprime a todo quien le desee mal a otro. El resultado, entonces, es una "muletilla argu-mental" que nos mantiene relativamente tranquilos y sin ponernos muy odiosos.

Pero es una receta. Una opinión "prestada": mucho más una frase que incorporamos y repetimos que una opinión personal y sincera. Es justamente por eso que está extendida, pues las recetas tienen una función que sólo se entiende socialmente. Por lo mismo es una "opinión" más social que personal.
Esto no quiere decir que tenga menos valor por ser más "mecánica" que reflexiva. Tiene valor, sólo que no hay que buscarlo ni en la retórica ni en la forma en que se evalúan los argumentos. Su valor está en cómo contribuye o no a la cohesión social, al adaptarse y al lidiar con situaciones que son desfavorables.

Tampoco quiere decir que uno pueda escapar de ellas incólume. Reconocerlas es un paso y ayuda a formar la propia opinión, pero lo cierto es que necesitamos tanto de tipificaciones (incorporar la realidad a primera vista a punta de estereotipos) como de recetas. Si no nos volveríamos locos. No podemos estar siempre abiertos a todo(s) y reflexionando cada una de nuestras reacciones y respuestas antes de ejecutarlas. Sobre todo cuando nos encontramos con las cosas por primera vez.

Bueno, la cosa es que la trampa que tiene esta receta (además de la representatividad electoral) es que el éxito del gobierno no implica el éxito del país. Principalmente porque el gobierno es solamente la administración política del Estado, lo que es una fracción pequeña (cada vez más) y que pareciera que cada vez se distanciara más de la realidad del país.

Un ejemplo clásico (y además reciente) de este abuso tiene que ver con las tasas de desempleo y crecimiento económico. Todo gobierno intentará hacer pasar como éxitos propios los éxitos económicos y de empleo, y como causales externas cuando esas cifras están malitas. Y tal vez sea esto último lo que realmente esté más cerca de la realidad, dado el escaso peso que tiene la economía chilena en el mundo y el nulo papel que juega el Estado en ella.
Sin embargo se insiste en ello, demostrándonos de forma majadera que la política no tiene nada que ver con la verdad y todo que ver con los triunfos y fracasos.

Y es porque tiene que ver con triunfos y fracasos que usamos esos mismos códigos para referirnos a ella ("que le vaya bien/que le vaya mal") mucho más que desear que se diga o no la verdad, o que se sea transparente con los reales intereses. Por dar un ejemplo.

La cosa es que se le puede desear mal al gobierno sin que esto implique desearle mal al país. Aunque frau Goebbels von Baer diga lo contrario. Y desearle mal al gobierno -le explicaba a mi amigo cubano/chileno- tiene que ver con desear que se desenmascare. En otras palabras, desear que algo de verdad y transparencia permee la política (toda la política).
Que la propaganda quede al descubierto.
Que el abusivo uso de los mineros quede al descubierto.
Que el boicot a Mayne-Nicholls y Bielsa quede al descubierto.
Que las promesas y retóricas de campaña se desenmascaren.

Y que ojalá todo eso se traduzca en alguna forma de fracaso. Probablemente en encuestas primero y en las urnas después. Pero es pedir mucho, lo sé. O ser demasiado optimista.
Sin embargo, la última Adimark (empresa en manos de piñeristas) me alegró. Me dio algo de esperanza dentro del pesimismo al que el neoelitismo te obliga fatalmente.

Por un lado, porque ciertas interpretaciones de los datos pueden ser elocuentes, como que Piñera cae 13 puntos desde la evaluación "post-mineros" y su rechazo aumenta 10 puntos; el gobierno cae 9 puntos y el ministro Golborne mantiene su absurda aprobación del 91% (por favor recordar que es el mismo ministro que se fue para Sudáfrica mientras se discutía el proyecto de royalty que se le cayó dos veces -hasta que apareció lo de los mineros, pudo salir el proyecto-, el mismo ministro que se reía de Lagos Weber en la comisión del Senado, el mismo ministro que los primeros días los familiares de los mineros le sacaban en cara que si él se quebraba qué le quedaba a ellos, el mismo ministro que intentó ocultar la toxicidad de los relaves de las empresas mineras) sin poder traspasársela a nadie.
Otro dato interesante es el 75% de aprobación que tiene Cruz-Coke.

Pero como les decía al comienzo, los datos no son tan elocuentes como sus interpretaciones. Y para mi gusto, la gran conclusión que se desprende es que el apoyo en las encuestas no es apoyo político ni reconocimiento de la gestión (ya lo saben los bacheletistas).
Sé que muchos sentirán ofendido su intelecto con esto, pero evidentemente las encuestas son sólo una medición de los reflejos mediáticos. Y los políticos debieran dejar de intentar sacar conclusiones tan grandilocuentes a partir de ellas. Es en ese sentido que me pone contento la baja, porque se hace evidente lo efímero (y abusivo) de los mineros, porque al parecer algo de esa mayoría que piensa que metió las manos en las elecciones de la ANFP está castigando y porque se demuestra el fracaso del burdo plan comunicacional que han hecho para intentar aumentar los peyorativamente llamados "atributos blandos" de Piñera.

Pero hay otras joyitas en las lecturas de segundo orden de estos resultados. De acuerdo a El Mostrador, uno de los analistas de La Moneda considera "buena" la aprobación del 50% de Piñera porque “está por sobre el porcentaje con que salió electo”. Para mi gusto una joyita en la honestidad política y un cortapisas a la segunda parte de la receta citada.
Hay que empezar a asumir que llevamos un buen rato eligiendo autoridades sin que voten todos los que podrían hacerlo (pensando sólo en la edad).

Otra lectura que se agradece es que su caída se explicaría porque Piñera es una persona en la que no se puede confiar y no se le siente cercana. Que hay que leer entre líneas lo que dice.
Ojalá esto les haga concluir que tanta sonrisa, galería con gente atrás cuando habla y esta actitud de estar permanentemente en campaña, no sirve de nada y que es mejor dejar el circo.
Ojalá. Pero me puedo estar pasando de optimista por una simple encuesta...

Por el momento, vale la pena contentarse con desear que al menos se caigan las máscaras y los maquillajes...
...Y que eso sirva de algo. Y si eso significa desearle mal al gobierno, pues qué más da.

No tiene nada que ver con desearle mal al país, sino que justamente todo lo contrario.

Por Favor, reAcciones

P.S.: Me tomé vacaciones bloguísticas por un mes sin avisarles. Ruego que me excusen. Estuve monopólicamente absorbido preparando mi postulación a una universidad por acá. Resulta que me di cuenta muy encima que esto cerraba pronto, así que he estado apurado con todo. Espero -porque ya no quiero prometer más- poder retomar el ritmo prometido.

miércoles, noviembre 03, 2010

Tratando de comprender a los gringos I: "The Miners"

Uno de los tantos grupos de mineros "chilenos" que fue posible ver el sábado.

Hace más de tres semanas, teniendo mi pasaporte en sus manos, el oficial de aduanas en Atlanta me preguntaba cuál era mi línea de trabajo.
-"Sociología y Filosofía" le contesté.
-"Debe ser un gran impacto social todo lo que ha sucedido con los mineros" me dijo mientras terminaba de ingresar los datos en el computador.
-"En mi país casi no se habla de otra cosa" le contesté tratando de reprimir mi impulso de transformar una conversación coloquial en algo más. Mal que mal, había una fila de gente tras de mí esperando su turno.
-"Sé a lo que te refieres. Es lo único que veo en CNN"
Luego nos despedimos cordialmente y fui a tomar el metro dentro del aeropuerto que me llevaría a la puerta de mi vuelo rumbo al aeropuerto Ronald Reagan (sin comentarios el nombre) de Washington D.C..

Un hindú, creo que en el trámite de tener un plan de teléfono acá, especulaba con que esto le iba a venir muy bien al turismo de nuestro país. Esto ponía a Chile en el mapa y aparecía como un país lo suficientemente "moderno" como para haber logrado el rescate que se hizo (con máquinas extranjeras y expertos de la NASA).

Otro día, un irlandés se sentó junto a mí mientras esperábamos el metro. Tenía un mapa en la mano por lo que le pregunté de donde era, devolviéndome él también la pregunta. Al contestarle, me preguntó si acaso estábamos felices con lo de los mineros. Le dije que en Chile había bastante gente contenta y que la prensa sólo hablaba de eso. Me comentó que esto le podía hacer bien al país y que hacía que el mundo se fijara en nosotros. Le dije que sí, pero que esta espectacularidad era paradójica, ya que el accidente ocurrió porque las condiciones de seguridad eran paupérrimas. Él me dijo que se notaba que los mineros eran gente pobre, como si además insinuara la clara diferencia en los colores de piel entre ellos y la gente de gobierno y especialistas que estaban a cargo de su rescate.
Luego me preguntó por Piñera y por su gobierno. Hablamos del cinismo de un gobierno que pretende ocultar (el mismo Golborne) el catastro de residuos peligrosos dejados por las mineras. Y cómo en Chile había ganado la derecha tras 20 años de Concertación, en una elección en la cuál no se percibían diferencias muy grandes entre sus dos mayores candidatos. El tiempo no le dió la razón a esa percepción...
Me preguntó por la izquierda, por qué se le tiene tanto miedo en Chile a verla como una alternativa realista y hasta qué punto ese temor todavía tenía que ver con el golpe de estado de Pinochet.
Él estaba informado y la conversa muy interesante, pero la llegada del metro nos separó.

Días después vino el numerito nazi de Piñera en Alemania. Esas cosas que confirman lo que ya no sorprende: que nuestro presidente es radicalmente inculto. Pero que llevan a una pregunta con sólo respuestas vergonzosas ¿Piñera no escucha a sus asesores o ellos son igualmente incultos?
Este nuevo traspié intelectual del accionista de Colo-Colo fue objeto de preguntas por parte de los amigos argentinos y españoles de por acá. También dio su vueltita al mundo...

Volvamos a "The Miners". El sábado pasado hubo acá lo que se llamó "Rally para restablecer la cordura" (Rally to restore sanity). Esta manifestación (donde habíamos fácil más de medio millón de personas) medio en broma-medio en serio, surgió como respuesta a la organizada por Glenn Beck -el conservador conductor del ultraderechista canal fox- llamada "Rally para restablecer el honor".
El Rally para restablecer la cordura había sido organizado por dos conductores que le hacen a la sátira política, del canal Comedy Central (donde dan Southpark). Uno es Jon Stewart, del Daily Show, que días antes entrevistó al mismo Obama. El tipo es bastante progre y está más cercano a las ideas de "izquierda" (si tal cosa es posible aquí). Y el otro, Stephen Colbert, es una parodia del personaje conservador-republicano. Colbert, en una especie de mano a mano con Stewart, conducía el "Rally para restablecer el miedo". Este último entró al escenario dentro de una cápsula fénix, parodiando a los mineros. Creo que fue lo único que se transmitió de este acto en Chile.
La cosa es que parece que para las elecciones del martes (donde se eligieron diputados, algunos senadores, algunos gobernadores y se votaron algunos referéndums en algunos estados) se les pasó la mano con la campaña. El tono fue más violento que lo usual y la campaña del terror llegó a los límites de lo burdo.

Muchos, cansados con el payaseo de los políticos, encontraron en esta manifestación un lugar para reclamarles por el lugar a donde han llevado la política y ensayar la originalidad con carteles "anti-carteles". A eso súmele que era la víspera de Halloween, por lo que muchos andaban disfrazados también. Y hay que decirlo: en este país que ha exterminado a su cultura originaria, la creatividad y el tomarse las calles ocurren en festividades como estas. Así como para llegar a ese lugar fue necesario dejar pasar un par de metros porque simplemente no cabía nadie más, una vez estando allá la cantidad de gente era tanta, que fue difícil ver lo que sucedía en el escenario, por lo que era más realista leer los carteles y observar los personajes que pululaban.
Como ya les adelantó la foto que encabeza esta columna, fue posible ver varios grupos de mineros "chilenos" durante la manifestación. Al decirles que nosotros éramos chilenos (de verdad) eran muy amables en posar para las fotos e intercambiar algunas frases.

En la noche decidimos salir a recorrer las calles de lo que sería el barrio Bellavista de acá.
Estaban llenas de gente circulando o haciendo fila para entrar a los locales y el esmero que tanta gente pone para disfrazarse es algo que vale la pena presenciar. Hasta las casas se disfrazan.
Por supuesto, muchos gringos vestidos como mineros.

Si alguien tenía alguna duda de que esto de los 33 iba a transformarse en un show, en una ficción, en un reality (irónico nombre), más que en un drama humano o en una historia...pues nada más elocuente que ver a los mineros como disfraz. Al lado de superhéroes, vampiros, frankensteins, brujas, enfermeras sexys, cristos, animales, salsas de soya, teletubies, militares y un largo etcétera de arquetipos.

Por Favor, reAcciones

P.S.1: Si quieren ver un resumen en video de la manifestación del sábado, pulsen aquí.

P.S.2: A grandes rasgos, los republicanos ahora controlan la cámara de diputados, mientras los demócratas siguen controlando el Senado.
Lamentablemente se fortaleció un movimiento ultraconservador liderado por pocas neuronas llamado "Tea Party".
Salieron perdiendo los demócratas principalmente porque varios de sus votantes no fueron a sufragar (acá el voto y la inscripción son voluntarias, y las elecciones son en días laborales).
Algunos estados pasaron leyes conservadoras como aquellas que establecen el Inglés como idioma oficial y la famosa "proposition 19", un referéndum en California que legalizaba la marihuana, perdió por 46.2% -52.8%. Varios se quedaron fumando pitos en vez de ir a votar para legalizarlos...

P.S.3: Bonus track fotográfico de Halloween:

Un minero "chileno" demuestra que tiene la edad suficiente para entrar al local.


El minero logra entrar al local. Nótese que tiene la bandera chilena al cuello. Y no era chileno.

viernes, octubre 22, 2010

Cambio de Folio

¡Qué mala película! Sólo espero que el FBI o Homeland Security no malinterpreten esta foto

Estimadas lectoras y estimados lectores:

Habrán quienes se extrañen de que suba una columna menos de una semana después que la anterior.
Habrán quienes incluso se hayan acostumbrado a que publicara acá prácticamente cada dos semanas.
Y habrán quienes todo esto les sea absolutamente irrelevante e indiferente.
Con todo, y aprovechando que este es mi pequeño espacio de "dictablanda", me permitiré darles algunas explicaciones.

Lo primero que habría que decir -y esto es una máxima para mí en este blog- es que no hay discusiones cerradas aquí. Por lo que si quieren seguir participando en la(s) columna(s) anterior(es), sean bienvenidos/as.

Lo segundo, es que mis continuas -y culposas- faltas a mi compromiso (de publicar semanalmente) durante el último par de meses encuentran su razón en el mismo objeto de esta columna: carecía del tiempo necesario por estar preparando mi partida a Washington D.C.
Los detalles de tal partida y sus razones son conocidas por quienes tienen el (dis)gusto de conocerme personalmente. A los demás les pido disculpas, pero no me gusta mucho escribir sobre mi vida privada aquí.

Lo concreto es que es un viaje que no tuvo mucho tiempo para prepararse y que se prolongará por al menos un año.
Frente a eso, y sumado a la costumbre que tengo de referir a contingencias nacionales, fue legítimo que me preguntara acerca de la pertinencia de seguir manteniendo este espacio y la costumbre de escribir en él.
Acogí la sugerencia de gente amiga-lectora de mantenerlo pese a la distancia.
Siendo admirador de bloguistas como la Montse, Bitacoreta o Gonzalo Baeza (y otros tantos que ahorita no recuerdo), que insisten en publicar desde estas tierras, me convencí que no era condición sine qua non el estar ahí para escribir sobre. No obstante, tampoco me acomoda mucho la idea, por lo que he decidido -y he aquí el "cambio de folio"- referirme a la contingencia chilena cuando me den ganas (y me dé el pudor), pero incorporar también a este blog las impresiones que me va dejando esta ciudad, y eventualmente este país. Para ello habrá una nueva sección (capital imperial) que se inaugura con esta columna.

Espero no aburrirlos, prometo que no será nada parecido a una bitácora de viaje o algo así. Pero -y disculpen la franqueza de mi egoísmo- la principal razón para seguir escribiendo aquí es que dicho acto aún conserva el sentido terapéutico que me motiva.

Por ahora, les puedo contar que llegué recién el martes, luego de un viaje que debe haber durado unas 13 horas en total, 8 de las cuales las dormí gracias a un regalito de un amigo médico.
La paranoia gringa en los aeropuertos se hace sentir y uno debe quitarse todo lo metálico y los zapatos, pasar por detectores que parecen teletransportadores, y sentir que uno es un delincuente o terrorista por defecto.
En todo caso, esos casi 500 dólares en impuestos que aparecen en el pasaje adquieren visibilidad por toda la parafernalia destinada a la seguridad.

Una vez en Washington, son las ardillas (que reemplazan a nuestras poco glamorosas palomas) uno de los primeros avisos que permiten incorporar el hecho de que uno está en otro país. A esto me refiero con que me suele pasar, las veces que he viajado a otros países, que me cuesta un tiempo "sentir" que estoy en otro país. No sé si me explico...
Otros avisos que ayudan a integrar dicha sensación son los autos (modelos que no hay en Chile, o las patentes distintas) y las tiendas y lugares para comer.
Hasta el momento es una ciudad bastante amable y con una cultura de parques y áreas verdes envidiable.
Para los ciclistas (está lleno acá) es un lugar ideal. Hay muchos lugares para estacionarlas, y no contentos con poner estacionamientos en las estaciones de metro, se pueden llevar las bicicletas en el metro mismo (en los extremos de los carros) y en las micros (una plataforma delantera).
Está lleno de gente de todas partes del mundo. Es una ciudad muy cosmopolita. Y sorprende la cantidad de lugares donde se habla español. Da la sensación de que latinoamérica se estuviera tomando este país desde abajo, en venganza...

De hecho, ya hay más hispanos que negros en EEUU.

Estoy recién llegando y todavía no he profitado de la cantidad de museos y lugares turísticos gratuitos que hay acá.
Tampoco he sentido esto de estar en la capital del poder político mundial y del lobby. Todavía...

Varios me han dicho que esta ciudad es un "outlier", algo que se sale de la norma, dentro de las ciudades gringas. Puede ser.

Por ahora el verbo guía es "aprovechar".

Por Favor, reAcciones

domingo, octubre 17, 2010

Neoelitismo (borrador de principios básicos)

Parece que es mucho más fácil de lo que nos gusta pensar.

"Die Welle" ("La Ola", 2008), dirigida por Dennis Gansel, es una película alemana que recrea una novela escrita por Morton Rhue, inspirada a partir de un experimento realizado el año 1967 en Palo Alto, California.
Rainer Wenger es un profesor de secundaria en un indeterminado lugar de Alemania. Como los alemanes están bastante traumados por su responsabilidad histórica (si les interesa esto, recomiendo leer "El Problema de la Culpa" de Karl Jaspers) y de ser los villanos del siglo pasado, se hacen proyectos semanales para que las nuevas generaciones valoren la democracia. En este caso, los estudiantes podían elegir entre un curso de Anarquía y otro de Autarquía (un cuasi-eufemismo para el fascismo). Wenger, con un pasado de okupa tiene intenciones de dictar el curso de Anarquía, pero como se trata de valorar la democracia, son esas mismas ganas lo que lleva al comité académico a asignarle el curso de Autarquía.
Con todo, el profesor decide tomárselo en serio, partiendo de la pregunta si acaso el nacionalsocialismo sería posible nuevamente en Alemania. Pregunta cuya respuesta masiva es "no". Wenger decide hacer el experimento de transformar su clase en un pequeño gobierno autárquico a partir de aparentes detalles como estar todos sentados a la hora, ponerse de pie para hablar, terminar todas las frases dirigidas a él con "Señor Wenger", sentarse derecho...hasta aditamentos simbólicos como el que todos vistan con jeans y camisa blanca, tener un lema, un saludo (el que sale en la foto y que recuerda de manera obvia al nazismo) y un logotipo.

Con el paso de los días, más estudiantes se cambian a la clase de autarquía, mientras que los pocos que se sienten incómodos son excluidos. El movimiento comienza a trascender la sala de clase y el entusiasmo por éste va sumando adeptos exponencialmente. De manera relativamente espontánea se organiza una fuerza de seguridad para "La Ola" y van asumiendo que los anarquistas son sus enemigos. Con esto ya se certifica uno de los más clásicos fenómenos sociológicos: el aumento de la cohesión interna del grupo vinculado a una hostilidad frente a quienes están fuera de él.
Como ya se adivinará (en caso de que no haya visto la película), el experimento les demuestra en carne propia a los estudiantes que una experiencia como la del nazismo es perfectamente repetible. Claro que lo interesante de "La Ola" es ver cómo poco a poco esto puede salirse de control...
Muy recomendable.

Ahora, si algo tienen en común los fascimos y totalitarismos (más allá de un Estado omnipresente, líderes carismáticos y del uso de la propaganda) es una fuerte orientación a la mediocridad. Aunque suene a contrasentido -ya que la propaganda tiende a ser un discurso en torno a la superioridad del grupo/raza/nación por sobre los demás- los fascismos se incuban muy bien en las clases medias, personalidades frustradas y resentimientos varios. Resentimientos que siempre tiene su base en un complejo de inferioridad no asumido.
Al agruparse todo este conjunto de frustraciones, resentimientos y mediocridad, comienza un reforzamiento mutuo: se sienten parte de algo y se repiten a sí mismos que en verdad son superiores a los demás.

El neoelitismo no tiene nada que ver con eso.

El neoelitismo se basa en el convencimiento de que entre el 80% y el 90% de la gente simplemente no tiene vuelta. No hay caso. La naturaleza (o el azar) es cruel y la mayor parte de lo que llamamos "la masa" o simplemente "la gente", pareciera condenada a generarle vergüenza ajena, desazón y hasta rabia al neoelitista.

Es elitista ya que se asume dentro del 10% o 20% (en mi opinión, es el 10%, pero mis amigos economistas insisten con la misticidad de la proporción 80-20 que encuentran en todos lados) excepcional.

Es neo, porque no cree que esa proporción tenga alguna correlación geográfica, étnica o socioeconómica. Esto significa que la tontera no discrimina y tiende a repartirse en estas proporciones a lo largo de toda la especie humana. Es genética, si usted quiere.

Tampoco hay vínculos directos con el poder. Quien tiene el poder puede perfectamente ser un imbécil. Y en su gabinete perfectamente puede haber un 90% de ellos. Lo mismo con el parlamento, alcaldes, etc.
Si volvemos al tema de los fascismos, es fácil ver cómo la mediocridad y el resentimiento han llegado al poder. La mayoría de las veces resultando en consecuencias de temer.

Ni siquiera la educación tiene algo que ver (aunque es muy eficiente en maquillar la tontera de quienes tienen más recursos), ya que hay casos dignos de destacar entre quienes no han tenido oportunidades. Y es justamente porque son excepcionales (entre 10% y 20%), que destacan.

El neoelitista está condenado a sentirse ajeno a todos los productos masivos. La televisión, por ejemplo.
Las modas le parecen algo sin sentido.
La política le resbala. Difícilmente adhiera con entusiasmo a un partido político o candidato. Lo que no quiere decir que no haya neoelitistas en la política. Los hay y son los más peligrosos por la lógica instrumental y egoísta que los mueve.

El neoelitista tiende a juntarse con otros neoelitistas por afinidades ineludibles. Lee a otros neoelitistas, escucha la música que hacen y disfruta del cine y comidas creadas por ellos. Esto le puede llevar a un peligroso engaño: pensar que el neoelitismo es el sentido común. Y no hay nada más lejano. Tal bienintencionado neoelitista está en curso de colisión con una realidad que lo hará decepcionarse constantemente. Es un neoelitista trágico, sufriente.

Hay un gran problema. Y, en el fondo, todo neoelitista lo sabe: pensar que existe gente que es en algún grado inferior, es políticamente muy incorrecto. Esto es porque nuestra cultura (bien lo decía Nietzsche) gira en torno a la mediocridad y siempre se le castiga ("chaquetea" diríamos en Chile) a quien explicite o demuestre que destaca por sobre el 80% o 90%.

¿Es un/a neoelitista una mala persona?
Puede serlo, como puede que no. No hay un correlato moral con esto. Si el neoelitista decide generarle daño a los demás o justificar derechos a los cuales el 90% no accederá, probablemente sí. Pero ser neoelitista no implica ningún tipo de discriminación ni abuso. Es sólo una intuición.

Con todo, insisto, no es fácil serlo. Aunque hay algunos parches para luchar contra la culpa cultural que se le impone a todo neoelitista: de cuando en cuando le baja esa terrible certeza de que sobra gente en el mundo y que la sobrepoblación no tiene sentido.

La lobotomía (inter)nacional que ha significado esto de los mineros reaviva esa intuición neoelitista.
¿Acaso no ha sentido usted que este monopolio temático ha sido mucho?
¿No ha sentido usted algo de vergüenza por cómo el gobierno ha profitado burdamente de esto?
¿No ha sentido usted que toda la cobertura absurda a cada historia de vida de los mineros es algo que no le interesa?

¿No ha sentido usted que cuando ve un/a político/a hablando en la tele, le dan ganas de decir "y este/a cree que uno es estúpido"?
¿No ha sentido que la mayor parte de la publicidad no está dirigida a usted (aunque apunte a su sexo/nivel socioeconómico/grupo etario)?
¿No ha sentido esa desazón de que "no hay vuelta" y esa tentación por mandarse a cambiar (que en caso de concretarse, se topa con la triste verdad de que en todas partes hay un 80% o 90%)?
¿No recuerda alguna ocasión en la que ha dicho o pensado que "a la gente no le interesa" algún tema que usted considera relevante o prioritario?
¿No le extraña que haya gente que todavía caiga en estafas telefónicas?
¿No le dice algo que Marcela Sabat haya sido elegida diputada?

¿Si?

Pues tenga usted su bienvenida al neoelitismo.

Por Favor, reAcciones

domingo, octubre 03, 2010

El gesto de la semana: Forma y Fondo

Era que no: al rato ya habían "emprendedores" vendiendo estas poleras a 9 lucas

En el afán de muchos canales de televisión por no hablar de la huelga de hambre mapuche ni de las tomas de terreno en Rapa Nui, cayeron en otra de las insulsas modas de Internet (como si fuera una exigencia transformar en noticia cada tontera que se reproduzca viralmente por la red) mostrando extractos del video de un joven ingeniero ebrio, que hacía su pataleta porque no le vendían una hamburguesa a las 8 de la mañana.

Cual coro uniforme, y sin saber muy bien cómo tratar la "noticia", se aferraron a la idea de que el reclamo era atendible en su fondo, pero no en su forma.
En pocas palabras, que se estaba frente a un caso de publicidad engañosa, pero que el escándalo y los insultos estaban demás.

No recuerdo el momento de mi vida en que dejé de ir a McDonald's.
Básicamente porque no fue tanto el producto de una decisión política o algo por el estilo. Supongo que nunca me gustó mucho y tiempo después llegó un punto en que simplemente me fue imposible volver a comer ahí.
Tal vez en eso sí hay una decisión más ligada a los simbolismos de la cadena del payaso, más que con la comida rápida en general...

La comida es mala, aunque relativamente barata. Sin embargo, si es por publicidad engañosa, podríamos partir por esas sugerentes imágenes de los afiches que poco tienen que ver con el producto que se consume.
Las condiciones laborales son un asco. Pese a que las presiones sobre sus trabajadores lograron situarla el año 2008 en el lugar 28 de las mejores empresas para trabajar en Chile, ranking en el que ya no figuran (parece que están midiendo algo más en serio).

Sebastián Gálvez tenía razón para reclamar. En ninguna parte de la publicidad queda en claro que hay restricciones de horario.
Sin embargo, McDonald's se limitó a publicar un comunicado charcha diciendo que en algún lugar de la lista de precios está publicada la hora en que se sirven hamburguesas.
El Sernac de Piñera se limitó a dar una declaración bastante tibia, sin cursar multas o instruir a la empresa en su ilegalidad.
Y Gálvez, luego de ser detenido por desórdenes, quedó con orden judicial de no entrar a dicho local por un año. Le hacen un favor, en todo caso.

Pero ¿es posible, como pretende la prensa, separar la forma del fondo?

Ya a comienzos del siglo XVIII George Berkeley y David Hume (algo después) advertían de que el ser humano no puede distinguir forma de fondo en la realidad, que nuestros sentidos captan lo que nos rodea como un todo y que es nuestra mente la que divide cualidades y categorías, las que no pueden percibirse por sí solas.

En este caso no es muy distinto. Y lo cierto es que este nuevo engaño de McDonald's probablemente no estaría al alcance de todos si no fuera por la forma en que se hizo. Fue esa salida de madre, esos gritos, ese golpear la mesa lo que hizo que un voyeurista decidiera grabarlo con su celular y subirlo a Internet. Y es lo desquiciado de la forma lo que hizo que se masificara al punto que la prensa decidió sumarse a la amplificación de la anécdota.

Los periodistas, incapaces de hacer una mirada de segundo orden, obvian esto pretendiendo separar forma de fondo, como si fuera posible.
Como si no fuera necesario que alguien esté indignado para poder cubrir un abuso o un engaño.

Con todo, este "problema" es una estupidez. Probablemente se resuelva agregando los horarios a los afiches. Lo vergonzoso es que pretenda marcar una pauta noticiosa en medio de reclamos que son bastante más desesperados y basados en injusticias mucho más dañinas.

Por Favor, reAcciones

sábado, septiembre 18, 2010

El Gesto de la Semana: Bicentenario austero

Pobrecitos supermercados, el bicentenario les dio duro.

El bicentenario, maldita sea, es una imprescindible excusa para todo tipo de discursos emotivos aglutinadores. La bandera sería esta gran frazada que nos cubre a todos, porque somos un país unido. Tanto es así, que se llega al absurdo histórico de juntar los monumentos de O'Higgins y Carrera (con sus respectivos caballos). Si tal cosa existe, se deben estar revolcando en su tumba. Es cierto, no es tan relevante, pero la violencia del gesto delata el ansia por la unidad. Unidad pegada con tricolores. Para qué hablar de la incomodidad que han generado los mapuches con su huelga de hambre en medio de este ambiente de unidad nacionalista.

Como este blog tiene vocación de aguafiestas, y ya hemos publicado acerca de lo impropio (pero también simbólico) de considerar el 18 como la independencia, aprovecharemos de chaquetear al gobierno de los mejores.

Y con algo muy simple y que ha estado al alcance (y con la complicidad) de toda la prensa: los feriados irrenunciables a los que varios hemos podido disfrutar (excluyendo los del rubro de restoranes y entretenimiento, además de las labores que requieren turnos de emergencia o que funcionan las 24 horas, como las bombas de bencina).

Se supone, nos prometieron y siguen dándole a eso, que este es un gobierno que se preocupará de la sufrida clase media.
También prometieron que se enfocarían en los emprendedores y que potenciarían las pymes.
Se supone también, que este gobierno -y sobre todo este primer año de gobierno- iba a ser un gobierno austero.

Sin embargo, este gobierno se opuso claramente a los feriados irrenunciables para el comercio (y los grandes supermercados). "No podremos celebrar como corresponde", argumentaba de manera egoísta la ministra del trabajo, tal vez una de las personas más estúpidas de este gobierno.

Y aquí es donde mostraron la hilacha.

Todo ese discurso del "fortalecimiento de la familia" y de celebrar como corresponde, no alcanza a los trabajadores de supermercados y del comercio (y sus familias), fracción que alcanza al 20% de la fuerza laboral del país -según Casen 2006-. Pero aprovecharon de reventarlos igual los días antes.
Todo el discurso de fortalecer las pymes y los "emprendedores", no alcanza para los grandes beneficiados de esta ley: los dueños de los negocios de barrio que atienden su propio local.
Todo el discurso de la austeridad se deshace en la propaganda, cuando el gobierno cae en el juego alarmista de las grandes cadenas. Cadenas que son avisadores del duopolio, o dueños de los medios (como Saieh con Copesa y SMU). Las mismas cadenas que hicieron el negocio estratégico con el gobierno para abastecer a las zonas afectadas por el terremoto.

Y ya que estamos hablando del terremoto...
¿Alguna reminiscencia con esas idas masivas a comprar a supermercados por temor al ficticio desabastecimiento?

Mejor no hablar de ciertas cosas. Ahora hay que celebrar, no pensar en esas zonas destruidas que ya no tenemos que ver en la tele. Para eso están los mineros.

Por Favor, reAcciones

(Y felices fiestas)

P.D. al 22/09/2010: Finalmente no hubo tal desabastecimiento y sí hubo quienes violaron la ley explotando a sus trabajadores en feriados irrenunciables. Qué raro ¿no?

jueves, septiembre 09, 2010

La cuenta de la luz

Escogió esos lentes porque iba a bucear con la nieta de Cousteau
Foto: pepe.dino


No tengo la suerte de haber buceado en Punta de Choros.
De hecho, no conozco Punta de Choros y jamás he buceado en serio (con tanques y equipo). Ojalá algún día pueda ponerme al día con ambas actividades.
Pero el punto no debiera ser ese. Y me parece que si Piñera no hubiera buceado en dicho santuario, lo que consiguientemente hizo que Gómez-Pablos le preguntara si se opondría a dicha termoeléctrica, probablemente el proyecto seguiría adelante en nuestra simbólica y poco efectiva institucionalidad ambiental.
El cálculo que hizo Piñera me parece preocupante. No hay que tener dos dedos de frente para saber que si hubiera querido que el proyecto se rechazara, tenía muchas herramientas para hacerlo dentro del "conducto regular", partiendo por los consejeros de Corema nombrados por su gobierno que votaron a favor.
Pero no.
Prefirió hacer algo por su cuenta. A los entusiastas con las mal llamadas "redes sociales" les gusta pensar que fue su protesta y rápida coordinación lo que obligó a Piñera.

Los entusiastas de las "conspiranoias" preferimos pensar que esto estaba cocinado de antes.
La reunión de Piñera con el máximo director de Suez Energy menos de un mes antes de que sucediera todo esto, ya en su momento había sido denunciada como irregular y parte de un lobby descarado propio de los proyectos ecológicamente censurables.
Súmele a eso el manejo comunicacional con la ya malgastada mentira de "otra promesa de campaña cumplida" (han tenido el descaro de presentar las ventas atrasadas de las acciones de Piñera como cumplimiento de promesas de campaña, obviando el hecho de que se supone que lo haría antes de asumir), y siguiendo el mismo patrón, lo que hizo Piñera no es cumplir realmente lo que prometió. No hay acá una oposición real a un proyecto contaminante. De hecho, éste sólo será trasladado, con las consiguientes disculpas a los empresarios y los mensajes para tranquilizarlos de que esto "no volverá a pasar". Hay que creerle. Si sus funcionarios aprobaron este proyecto, aprobarán cualquier cosa que les digan.
¿Qué viene ahora? Pues la desinformación clásica que caracteriza a este gobierno: no dar lugares ni plazos concretos, sólo decir que "está por definirse" o que "se está estudiando". Mientras, Suez Energy seguramente estará esperando una rápida aprobación de su negocio en otro lugar donde quemará carbón y acopiará cenizas.

¿Queda Piñera realmente como un "héroe"?
No lo creo. Tal vez para algunos muy incautos, pero me parece que este no es un "público objetivo" para pasarle gato por liebre. Al contrario, pareciera que quedó mal con todos: quienes se oponían al proyecto siguen exigiéndole claridad en el nuevo emplazamiento y una postura definitiva sobre las fuentes de energía sucias. Por otro lado, los empresarios quedaron saltones con que esto pueda repetirse en futuros negocios. Y por último, los más republicanos quedaron nerviosos por cómo se saltó la institucionalidad ambiental (que es un chiste y funciona pésimo, pero se la saltó igual).

Poco después, el domingo recién pasado, aparecen voces de "expertos" del sector diciendo que el precio de la electricidad volverá a encarecerse. Aluden a que ha llovido poco y con los embalses sin agua hay que volver a quemar diesel, lo que es más caro. Además, agregan que "falta competitividad" en el sector y que lo sucedido en Barrancones "impidió que entrara un nuevo actor al sistema". Como si fuera poco, se dice que en Chile pagamos la electricidad más cara de Latinoamérica y que incluso pagamos el doble que en EEUU.
Esta burda propaganda que apela al "bolsillo de la gente" permite, sin embargo, hacernos reflexionar sobre las complejas aristas que tiene este tema. Sobre todo por lo que justamente no se dice.
En el mapa del consumo energético nacional, de acuerdo a datos del INE para el 2007, un tercio está destinado exclusivamente a la minería, el sector que más utiliza. Menos del 15% de la energía consumida tiene destino residencial. Y hay regiones como la de Antofagasta donde el consumo minero de energía equivale al 85,5% de ésta. La de Coquimbo (donde estaba proyectada Barrancones) destina el 53% de su energía a la minería del cobre.
A eso sumémosle que más del 70% de la minería del país está en manos extranjeras, quienes pagan un ridículo royalty por quedarse con una riqueza a la cual no se le agrega valor y sólo se agota.
O sea, no sólo se llevan un pedazo del país para afuera, sino que de pasadita destruyen otro pedazo del país para poder hacerlo.

La frase trillada indica que "llegó el momento de pensar la matriz energética que queremos tener como país". Está bien, pero me parece que es muy poco todavía. Debiéramos aprovechar el envión para sincerar la cuenta de luz que estamos pagando. No sólo como país, sino en el mundo en general.
Y creo que estamos pagando demasiado poco por la energía.
Aunque hayan personas en Vitacura y La Dehesa que se vean obligadas a robar electricidad.

Siempre será impopular aumentar las cuentas de un servicio básico, eso está claro. Pero cuando pensamos que el carbón es la forma más barata de producir energía, no estamos metiendo todos los costos en la cuenta.
Esa patraña de tener un "precio competitivo para la energía" debiera reformularse y considerar todos los costos que implican cada forma de exprimirle energía al planeta.
Si vamos a producir electricidad quemando carbón, pues incorporemos todas las enfermedades respiratorias, las pérdidas de la agricultura y pesca de las zonas afectadas y los tratamientos de cáncer de las generaciones de personas que son víctimas de este daño. Pero no un tratamiento de morgue de hospital público, sino que el mismo tratamiento que un gerente de termoeléctrica le daría a sus hijos.
Incorporemos el costo de las muertes directas e indirectas ocasionadas no sólo por las emisiones, sino también en el proceso mismo de la extracción del carbón. Incorporemos las enfermedades de esos mineros y el poder costearle la vida y estudios a sus familias cuando ya no pueden trabajar más.
Incorporemos también el costo ecológico de los derrames de petróleo que ocurren períodicamente en los puertos donde se desembarca el carbón (un elemento que rara vez se considera en los estudios de impacto ambiental).
Pongámosle un costo a la emisión de CO2 (y no me refiero al negociado de los bonos de carbono), al acopio de ceniza y a toda la infertilidad que ahí se genera.
Dejemos de externalizar los daños de una buena vez; y si nos gusta tanto el lenguaje técnico y las cifras, pues pongámoslas todas.
Pero aquí no puede ser "el mercado" el que ponga los precios de aquello que no ha sido capaz de valorar.
Algunos países han empezado a incorporar el criterio de la "huella de carbono" para discriminar el impacto que tiene la producción y traslado de un producto hasta que es consumido. Eso es un inicio.
Hacer que aprobar estos proyectos sea feo y políticamente costoso, es ya otro paso que espero se vaya fortaleciendo y no se desvanezca entre los 33 mineros y la bandera gigante.

¿Y en qué quedó Campiche? Ya que hablamos de termoeléctricas y movimientos de la sociedad civil para detenerlas...
Hace poco más de un mes el alcalde de Puchuncaví, Agustín Valencia (DC), se daba una vuelta de carnero olímpica llegando a un acuerdo con AES Gener a cambio de 1.200 millones que serían usados en un centro de salud familiar. Salud que tanto falta en la zona más saturada de contaminación, y con la más alta prevalencia de cáncer de nuestro país. A cambio, Valencia se comprometía a desistir de cualquier acción legal y despejar finalmente el camino a la central a carbón.
El mismo Valencia que el año 2009 daba orden de demolición al proyecto. La que obviamente nunca se concretó.
El mismo Valencia que a comienzos de este año se tomó vacaciones justo en el momento que el Concejo Municipal votaba para oponerse al "traje a medida" que le hizo el MINVU con Pérez-Yoma para destrabar el proyecto. Curiosas vacaciones, ya que estuvo presente en la votación, pero como espectador. Para no "quemarse", podríamos decir.
Cabe decir que en su momento también se dijo que la paralización de este proyecto haría subir las cuentas de luz. Nada nuevo bajo el sol en el lobby carbonero...

Hoy, el incansable Consejo Ecológico de Puchuncaví-Quintero, presentó dos recursos de protección contra el permiso otorgado por el alcalde, de espaldas a la comunidad.
Lástima que Campiche no tenga amables delfines ni sea reserva de pingüinos de Humboldt.
Lástima que Piñera no haya buceado las contaminadas aguas de Ventanas.
Lástima que no hayamos tenidos rostros televisivos y políticos para hacer un videíto.
Lástima que sólo hay ahí una zona altamente saturada, un humedal con muchas especies de flora y fauna en peligro y gente pobre enfermándose y muriéndose por la contaminación.

Lástima que eso no sea suficiente para motivar en las "redes sociales" y llenar el paseo Ahumada de gente marchando.
Admito la pica y la envidia...

Por Favor, reAcciones

P.S.: Recomiendo leer esta excelente columna.

viernes, agosto 20, 2010

Cambio de Gobierno IV: Epílogo

Igual es agradable saber que, en el fondo, uno ya no trabaja para él.

Seguramente parecerá algo egoísta y trivial escribir esta columna con plena tragedia minera ocupando gran parte de la agenda mediática. Pero creo que ya han escrito mucho (y mucho mejor de lo que yo podría hacer) sobre las distintas aristas del tema.
Con todo, me quedo con la idea de que este conteo de los días y los metros avanzados a ciegas me generan el mismo efecto que la Teletón: el alcanzar la meta, la esperanza transformada en hecho televisivo, el trasnoche y la autocomplaciente supuesta solidaridad que nos caracteriza. Además, la grosera politización del tema es absurda (y no hay nada peor que una figura política pidiendo que "no se saquen dividendos políticos").
Hace una semana comentaba que faltaba poco para que fueran a instalar ahí la bandera del terremoto-tsunami (como seguramente será protagonista en los festejos bicentenarios), lástima que no le dejé por escrito...
Que ministro y presidente se junten con los familiares primero (sin la prensa) y luego declaren en las cámaras no me deja de llamar la atención.
Que se repartan la culpa entre Sernageomin y Dirección del Trabajo (dos entidades estatales que nunca han dado abasto para fiscalizar todo lo que debieran fiscalizar) sobre quién debería haber clausurado la mina, me deja con un sabor muy amargo: aquí se da por supuesto que las empresas en su afán lucrativo no tienen contemplaciones. Hay que fiscalizarlas. Y aceptamos este psicopático modo de actuar como si fuera natural, apuntando -primero que todo- a la entidad que dejó libre al monstruo. No al monstruo en sí. Esa mina fue re-abierta sólo porque hubo quienes querían seguir explotándola. Pese a todo lo que motivó a cerrarla.
En fin, no quiero hacer publicidad engañosa, así que lo dejo hasta acá. Eso sí, les recomiendo esta columna que me interpretó mucho.

Volvamos a la serie que titula esta columna.
Les había contado en el capítulo anterior que ya habían llegado los asesores. Pues bien, el lunes de la semana pasada, uno de ellos (lo llamaremos asesor R) llegó al departamento de estudios a contarnos que quería entrevistarse con cada uno de nosotros para conocernos, saber lo que hacíamos, etc. y que no iba tomar más de media hora. Nos agendó a todos los que estábamos ahí y se fue despidiéndose con la amabilidad que lo caracteriza.
Nos quedamos conversando por que todos sabíamos lo que eso significaba: esta práctica, extendida con mayor o menor rapidez en todos los servicios públicos, busca encontrar tareas duplicadas, funciones dispensables y operadores políticos. Después de esta evaluación SIEMPRE hay despidos. Ha sucedido en todas partes y es entendible. Lo que irrita es que traten de convencerte de que no será así. Al ser un equipo pequeño el nuestro, hicimos una pequeña reunión para que en el discurso tuviéramos claramente delimitadas nuestras funciones. Esto, porque al ser pocos para la cantidad de trabajo, nos apoyamos mutuamente y en más de una ocasión nos toca hacer cosas que le "corresponden" a otro. La idea es que eso no pareciera una "duplicidad", pues responde justamente a lo contrario: no damos abasto.
Mi turno era el martes a las 10:30. R, Ingeniero (no sé si civil o comercial) de la PUC, menor que yo, justo le abría la puerta a mi compañero de la entrevista anterior.

Me hace pasar, nuevamente muy amable, y parte por aclararme que no se va a despedir a nadie, que la gente anda tan nerviosa, que esto es sólo para conocer bien quienes somos y lo que hacemos... no lo dejé terminar con el discursito. Le dije: "Mira, probablemente tú ya sabes que yo renuncié y que esta es mi última semana aquí. Y yo ya sé exactamente lo que tú estás haciendo. Así que no es necesario que me digas esto y preferiría que hablármos de forma directa".
Esta franqueza y frontalidad lo descolocó un poco, pero no lo incomodó. Al contrario, se sintió bastante en confianza y partió por aclararme que sabía que alguien del departamento había renunciado pero no sabía quién y que por qué lo había hecho.
Le aclaré que mis razones eran principalmente académicas. Que la cantidad de trabajo que teníamos (muchas veces me llevé a la casa y muchas veces trabajé fines de semana) me impedían terminar la tesis que había comenzado, con temática y datos propios de mis funciones ahí. Que no quería postergar más esto y que prefería dedicarme a ella en lo que queda del año.
Le aclaré también (frente a una pregunta de él que no era lo suficientemente directa, pero apuntaba a eso) que no me iba por razones políticas. Que sería hipócrita de mi parte decirlo así, porque si ese fuera el motivo, ya me habría ido en marzo. Además que tampoco llegué por razones políticas. Le dije también, que seguramente por mi perfil (tiene mi CV) él probablemente se imaginaba ya que yo no simpatizaba con este gobierno, así como tampoco lo hacía con el anterior, porque mi interés por trabajar ahí iba más allá de eso. Ahí fue cuando me preguntó si este era mi primer trabajo y le dije que no, que antes estaba en una consultora de comunicación estratégica y que me sedujo de la posibilidad de trabajar en el Estado el hecho de que el conocimiento que pudiera producir tuviera una utilidad mayor que la biblioteca del dueño de una empresa. Que sirviera para el país, admitiendo que hay mucho de ego en eso también.
Este fue el momento clave de mi conversación con R, pese a que la dinámica se supone que iba a ser semejante a una entrevista de trabajo. El momento de la empatía. R me confesó que a él le había pasado algo semejante. Él estaba trabajando en una de las grandes empresas de Chile, pero sintió que era su deber hacer algo por el país. Estar en el servicio público.

De ahí en adelante la conversación giró en torno al tema de mi tesis (le interesó) y a que él también había hecho algo relacionado con el tema junto al asesor A para presentarlo en La Moneda. Le pedí esos datos y me dijo que nos juntáramos el jueves. Me tomé la libertad de decirle(s) que si la gente andaba nerviosa y con los rumores que venían despidos, la responsabilidad era del mal manejo comunicacional que han tenido desde el cambio de gobierno. Le dije que lo que más molestaba era sentir que uno lo estaban tomando por tonto. Que de nada servía que la número 2 nos juntara a todos los funcionarios en el salón para explicarnos que las palabras del ministro Kast en el diario (donde nos utilizó 10 días seguidos como ejemplo de "burocracia" estatal, a pito del aumento de la pobreza según la última CASEN) donde se hablaba de una "cirugía mayor", no significaban que se fuera a despedir a nadie durante este año, aunque sí se venían cambios para la institución; si es que ese mismo día, horas más tarde, el diario vespertino publicaba una entrevista al número 1 donde se hablaba de "reducción" del servicio y "reformulación". En dicho reportaje se hablaba derechamente de despidos e incluso de cifras.

Son esas mentiras las que irritan y esas incongruencias las que hacen que varios se pongan nerviosos "¿Cómo creerles?", le dije a R. El tiempo de esta entrevista se estaba acabando y rápidamente me preguntó por mis funciones, para terminar diciéndome que lamentaba mi renuncia. "La idea no es que se nos vaya la gente buena". Pese a que agradecí sus palabras, no creo que tenga muchos fundamentos -más allá de la impresión (o prejuicios)- para juzgar mis méritos profesionales.

El jueves le escribí para cobrarle a R los datos que me había prometido. Me citó a una reunión en la tarde en la oficina de A. Traté de replicarle brevemente a A la conversación que había tenido con R antes de que éste llegara. Le hablé de las razones de mi renuncia y del tema de mi tesis.
A tiene un perfil similar a R. También es Ingeniero (tampoco sé si Civil o Comercial) de la PUC, también debe tener 26 ó 27 años, también rechazó una buena pega en una gran empresa privada para venirse al sector público. Tampoco es militante. Ambos dan la impresión de ser idealistas, de haber estado cansados de la decadencia de la Concertación, de comprarse el lenguaje tecnocrático de la "eficiencia", de tener hartos profes y compañeros trabajando en el gobierno actual, y de todavía no tener la maldad suficiente del maquiavelismo político.

Me mostraron los datos que llevaron a La Moneda.
Eran, realmente, una presentación en Power Point. A este gobierno parecen gustarle mucho y no extraña que en general sea el modo en que se comunican en público: como si estuvieran en campaña. Frases simples, fáciles de recordar, un par de cifras que impacten, y repetir las ideas importantes.

La reunión con A y R duró como una hora. Entremedio A me dio su opinión sobre el voto de chilenos en el extranjero. La ejemplificaba con la metáfora del hijo que se va de casa y todavía quiere seguir opinando sobre las cortinas que se pondrán en la casa de sus padres. Le dije que si bien entendía esa posición, que lo que hacía un país iba más allá de la política interna. Que a un chileno viviendo en el exterior le puede afectar, por ejemplo, que Chile le declare la guerra al país donde está viviendo.
Por otro lado, uno nunca deja de ser chileno y eso te lo "cobran" donde estés. Les cité como ejemplo a un amigo que lo molestaban en Uruguay por lo atrasados que estábamos con nuestros temas valóricos y el derecho que como chileno podría tener de manifestarse sobre dichas decisiones políticas. Les hablé del arraigo y de que, por último, sería estratégico para el país el vincular a compatriotas que se han formado en el extranjero. Algo de sentido le hicieron mis argumentos. Pese a que tenían clara mi posición política, A -que claramente está más empoderado- me ofreció volver a la institución cuando terminara la tesis. "No queremos perder a la gente buena", repitió.
Me sorprendió la oferta, la actitud y la tolerancia. Tengo que decirlo.
Les agradecí la oferta, no contemplaba tener la posibilidad, y en el incierto panorama laboral que ha dejado este cambio de gobierno para los cientistas sociales, se agradece tener al menos la posibilidad de volver a trabajar con un equipo que ya conozco y en el cual confío.
"Más vale diablo conocido que príncipe por conocer", dice el refrán.

No es muy probable que vuelva. Pese a que es una comodidad tener esa posibilidad, cada minuta filtrada, virgen en la Junji, e incluso las recientes declaraciones de nuestra 2 llamando a la abstinencia y la pareja única, me dan una vergüenza que hoy por hoy me acomoda mucho más llamarla "ajena".

Por Favor, reAcciones

P.S.: Esta nueva situación lejos de la sobreexigencia laboral en la que estaba, me permitirá retomar mi dilatado compromiso de escribir al menos una columna semanal. Les agradezco su paciencia.

miércoles, agosto 11, 2010

Los Trapos al Sol

Apuesto a que si no lo metían a cura, hoy estaría pidiendo hora en Argentina...

El matrimonio homosexual tiene una tensión inherente como concepto: por un lado, el matrimonio aparece como una institución conservadora, como un resabio a una forma de institucionalizar la familia monógama.
Por otro lado, la homosexualidad "militante" ("ideología gay", como la llama despectivamente Carlos Larraín) pareciera ocupar al mismo tiempo espacios de disrupción y de resistencia. Es, como decía la Doris Cooper en sus clases, una "contracultura".
Recuerdo a un amigo gay que me decía hace algunos años lo absurdo que le resultaba el matrimonio homosexual "la homosexualidad es intrínsecamente promiscua, es una estupidez desear la monogamia de los hetero". Dicho en los términos de quienes utilizan la teoría Queer, es someterse a los patrones "heteronormativos". O, si se quiere, reclamar el derecho a acceder a una institución conservadora.

Por eso, no es de extrañarse que el tema se haya transformado en un fierro muy caliente (o muy frío, como se quiera) para quienes han intentado tomarlo. La incomodidad que resulta el congeniar el conservadurismo con la igualdad de derechos demandada por los homosexuales, ha llevado a desenmascarar las reales posiciones e intereses de quienes actúan con lo que parece ser un nerviosismo homofóbico. Pero más que eso, sin quererlo, han situado otros temas que también son de interés público.

Revisemos algunos emblemas.

1) El Cardenal.
Como si todavía tuviera autoridad moral para andar calificando, no tuvo empacho en decir que el matrimonio homosexual aprobado en Argentina le parecía una "aberración". El presidente del Movilh lo puso en su lugar diciendo que esas declaraciones eran propias de un "caradura".
No es para menos. Después de meter en el congelador el proceso que se seguía por las denuncias de abuso de Karadima el año 2003, el matrimonio voluntario, entre personas adultas del mismo sexo, no tiene parangón.
No contento con eso, se mandó la siguiente línea argumental:

“En nuestra propia patria, con la poca natalidad que existe, va a haber una disminución de la población, va a haber un envejecimiento de la población” (...) “no van a poder pagar las pensiones de las personas mayores simplemente por seguir un camino errado, que no es el camino de la alegría del hogar formado por un padre, una madre y muchos hijos”.

Tratemos de entenderlo.
Se supondría que sin el matrimonio homosexual la tasa de natalidad es más alta que lo que sería si éste existiera. Entonces, lo que él llama "el camino verdadero" del matrimonio es justamente el de la mentira: homosexuales que son capaces de negarse a sí mismos y formar una familia con una pareja del otro sexo. Le ha pasado a gente cercana y siempre es un desastre. Años de negar la verdadera orientación y toda una familia que paga el costo. Eso dista mucho de la supuesta "alegría del hogar".
De todo esto se desprende que para la iglesia católica la homosexualidad es algo que se elige y que hoy estaría de moda. Tener matrimonio homosexual fomentaría esa moda, la cuál -según él- no es verdadera.
Lo de las pensiones no resiste mucho más análisis. ¿Quiénes no van a poder pagar las pensiones de las personas mayores? El sistema solidario de pensiones ya no existe y gracias a la dictadura y la imposición de las AFP, "cada uno se salva solo". Si se refiere a las pensiones estatales (básica solidaria, por ejemplo), habría que ver qué tanta carga para el Estado significaría el aumento de los pensionados por el matriomonio gay. Me atevo a pensar que será muy marginal, ya que quienes se declaran homosexuales no alcanzan el 10%, y la cifra de quienes lo son pero no lo asumen es muchísimo más baja.
Toda esta homofobia y desesperada chapucería argumental, no obstante, nos plantea un par de temas que sí vale la pena reflexionar en serio: por un lado, volver a pensar en una protección social solidaria (tanto en salud como en pensiones). Por otro lado, la disminución de la natalidad: ¿Hasta cuándo vamos a seguir pensando que el mundo se trata de que cada vez haya más gente, como si los recursos fueran ilimitados?
Hemos abierto ese debate con anterioridad aquí y aquí. En mi opinión, la madre de los problemas del mundo está en la sobrepoblación.
Y este australiano ya tomó cartas en el asunto.

2) Osvaldo Andrade
.
El futuro presidente del partido socialista, a partir de toda esta discusión dijo:
“Creo que la unión civil es una buena fórmula de enfrentar estas cosas, creo que hay mucho que avanzar, pero tengo la sensación de que la sociedad chilena todavía no está preparada para asumir una propuesta de esa naturaleza
¿Qué quiere decir realmente Osvaldo Andrade?
Probablemente se refiere a que un proyecto de matrimonio homosexual no tiene futuro en el parlamento. Y es muy probable que no existan los votos para aprobarlo (tomando en cuenta la posición de la Derecha, la DC e incluso algunos PPD y PS).
Sin embargo, sus palabras dicen otra cosa. Y su enunciación no es menor. Fuera de lo que el Movilh denuncia como un "vuelco" del diputado socialista, ¿Por qué un parlamentario puede arrogarse el derecho a determinar si la sociedad está o no preparada para una discusión?
¿Qué no debiera quedar eso en manos de la misma sociedad? ¿Que acaso ya no lo está discutiendo en sus distintas plataformas?
Es un gesto muy autoritario el abortar un debate antes de que éste tenga lugar. La invisibilización y el cerrar los espacios de los temas de discusión son las formas más efectivas y sutiles de ejercer censura y violencia simbólica.
Si lo que tiene Andrade es una "sensación", ¿por qué no aclararla y dejar que la misma sociedad lo discuta?
Todavía estamos muy atrás en nuestra capacidad ciudadana de instalar los distintos temas que competen a la sociedad en la que vivimos. Una cosa es que vecinos de comunas pudientes se puedan organizar para rechazar un mall o edificios en altura, pero hay que dar un salto grande para que podamos, por ejemplo, decidir sobre la misma constitución que nos rige.

El autoritarismo de Andrade es una buena oportunidad para que pensemos y demandemos una democracia más directa y un debate público que sea recogido por las autoridades, y no impuesto o silenciado por ellas.

3) Fulvio Rossi
El Senador venía metiendo ruido desde que decidió candidatearse a presidir el partido como "cara joven" (algo que se supone que no podía hacer desde el interinato). Esto significó una incómoda teleserie política que obligó a la bajada (y luego re-subida) de la que era su esposa, Carolina Tohá, a la candidatura del PPD. Quedó en evidencia que la comunicación en el matrimonio no fluía bien y que las prioridades estaban por el lado de posicionarse en el partido. Luego de eso, perdió con Andrade. Pero no ha querido perder protagonismo y cámaras, lo que sus adversarios le han reprochado desde sus dirigencias estudiantiles.
Ahora no quiso perderse el plato, y dijo que va a presentar un proyecto para instaurar el matrimonio civil entre personas del mismo sexo.
Como ya lo hemos dicho, él sabe que no hay piso político en el parlamento, con lo que el proyecto se rechazará, siendo imposible volver a presentarlo por unos años.
No obstante, las reacciones que desataron su propuesta hicieron hablar al conservadurismo de derecha en nuestro país. Y en ellos hay una defensa del matrimonio en tanto "institución". Se le asocia directamente a la familia que procrea (pese a que hay más familias fuera del matrimonio), por lo que no se le concibe si no es entre hombre y mujer. Todo esto se envuelve en la responsabilidad de ser la base de la sociedad y en un aura de santidad y pureza, a pesar de que se hable del matrimonio civil. Da constantemente la impresión de que el matrimonio por la iglesia y el laico están todavía demasiado entrelazados...

La verdad de las cosas, es que cada vez más avanza la concepción del matrimonio como un contrato conveniente. Es decir, una mirada utilitaria sobre él. Lo que empieza a primar son los derechos que se pueden adquirir y ciertas ventajas desde el punto de vista tributario y legal.
No es de extrañarse que BecasChile se haya transformado en un factor que aumente o "acelere" los matrimonios en nuestro país. Están también los que permiten obtener nacionalidad o los que ocurren cuando a un miembro de la pareja le sale un trabajo en el extranjero.

El conservadurismo mira esto con preocupación. La sociedad ha cambiado, las parejas conviven y no necesitan un contrato para que se sientan y actúen distinto con respecto a sus relaciones, sin embargo, les sacan las ventajas correspondientes.
¿Nos hace eso más pragmáticos, liberales y libres?
Yo creo que sí.

En cualquier caso, el matrimonio como bastión conservador está amenazado y debilitado. Y han sido nada menos que los homosexuales quienes irrumpen ahí donde menos los quieren.
Tal vez el conservadurismo podría ponerse pragmático también y ver en esto una oportunidad para aumentar la tasa de matrimonios...
Peras al Olmo.

Por Favor, reAcciones

lunes, julio 26, 2010

La otra cara de la transparencia

El Contralor Ramiro Mendoza.
Probablemente el empleado público que más pega ha tenido desde el cambio de gobierno.


Curiosamente la transparencia -un atributo que en su literalidad es absolutamente neutral: dejar pasar la luz- se ha transformado en algo positivo. La arquitectura deja en evidencia que hace siglos que lo transparente -ya no en un sentido "optico", sino que metafórico- es visto como un adjetivo deseable.
Sin embargo, es en la modernidad cuando deja de ser considerado propio de lo divino y pasa a "humanizarse". La transparencia -en el mundo ideal que es por definición el de la teoría- es necesaria para el correcto funcionamiento de las dos insituciones fundamentales de la modernidad: el mercado y la democracia. En el mundo ideal.

Hoy, hablar de transparencia es hablar de algo bueno, que tiene que estar presente en la mayor cantidad de esferas posibles. Y habiéndose secularizado, se ha tranformado -era que no- en un objeto de la política. Los candidatos (todos) aseguran poseerla y que sus contricantes no. Prometen extenderla por todos los pasillos del Estado y exigen que todo poder la tenga. No sólo los candidatos. Obviamente como es un objeto político, quienes ya están en posiciones de poder llenan su boca con la transparencia.
Y como es un objeto político, que se relaciona tensamente con el poder, los periodistas con vocación de superhéroes también la toman como bandera.

Es, dentro de las distintas reformas que han quedado bajo el concepto "modernización del Estado", una piedra fundamental. Sin embargo, creo que vale la pena dudar de los conceptos a los que consideramos buenos o malos en sí mismos. Si seguimos a Nietzsche, siempre hay una relación de poder ahí encerrada digna de una genealogía.
Y sucede que este intento por hacer al Estado transparente también tiene sus costos y conflictos, los que trabajando dentro del aparato público se hacen evidentes y desenmascaradores.

Me permito compartirles algunos.

1) Licitaciones.
Sean estas por el portal ChileCompra o por los portales de otras instituciones que tienen convenios con el Estado, las licitaciones públicas tienen el sello de la transparencia por excelencia. Pues claro, están ahí para que cualquiera -con Internet- pueda verlas, descargar sus términos de referencia, hacer preguntas, postular y recibir el resultado de la postulación con un puntaje fundamentado. Hasta aquí todo bien.

No obstante, para que toda licitación ocurra como tal, tiene que haber un mínimo de tres oferentes que hayan cumplido con los requisitos pedidos. Esto, cuando uno es la contraparte (es decir, está dentro del servicio público que va a adquirir lo licitado) es fuente de un stress nada menor si se trata de algo que pocos pueden ofrecer. El riesgo de que la licitación "se caiga" es alto y tienes que confiar que quienes podrían presentarse vieron el llamado, les interesó y presentaron algo dentro de los plazos y términos de referencia. A eso hay que sumarle que -en el caso de ChileCompra- no puedes avisarle a los potenciales oferentes que la licitación está abierta. O, al menos, no puede quedar registro de que lo hiciste.

Pero lo que realmente es un problema en este sistema, es que un buen proponente no necesariamente es un buen ejecutor. Se me viene inmediatamente a la cabeza cierto Observatorio Social de la universidad con el nombre del santo de quien Karadima alardeaba ser discípulo. Sucede que este centro de estudios tiene un puñado de personajes muy capaces y con excelentes currículums a la cabeza. Ellos arman propuestas que son muy atractivas, originales, bien planteadas, coherentes y -sobre todo- baratas. Esa suma de características prácticamente garantiza el éxito en una licitación. Pero lo barato cuesta caro y todo se paga en la vida, dicen los adagios. Esas baratísimas propuestas económicas significan, en la práctica, la "contratación" de estudiantes en práctica y otros que sólo son estudiantes a secas. El nivel de errores que me ha tocado ver dan la impresión de que incluso no han terminado el 4º medio con éxito. Y no les estoy exagerando.
Esto termina siendo un cacho, puesto que la calidad del producto obliga a constantes correcciones que dilatan su entrega final y atrasan todo el trabajo del año. Lo peor de todo, es que hablando con otros colegas en el sector público, nos damos cuenta que todos tenemos alguna historia similar con los susodichos y literalmente tememos que se puedan ganar la próxima licitación. Eso es algo que se le puede envidiar a la empresa privada: si has tenido una mala experiencia con un oferente simplemente no le compras más. Una decisión así no se puede tomar desde el Estado. No sin salirse de la ley.
Con todo, cabe decir que una licitación lamentablemente no garantiza el mejor producto. Garantiza el más barato de los elegibles. Y esto podrá tener una racionalidad economicista, pero muchas veces los costos de algo que fue mal hecho terminan siendo mayores.

2) Ley de transparencia.
Tengo entendido que la ley de transparencia tiene muchas aristas, pero estando dentro del sector público las que te afectan directamente suelen ser dos: por un lado, a diferencia de los demás trabajadores, tu sueldo y todo tipo de asignaciones son públicas. Cualquiera con Internet tiene acceso a tu salario. En principio, no tengo razones para oponerme a esta medida (pese a que uno igualmente se siente expuesto), pero me gustaría que fuera parejo para todos. Así se transparentarían varios abusos, corrupciones e injusticias en todos lados. Además que la información fluiría de manera mucho más horizontal y generalizada, y los creyentes dicen que eso es bueno en un sistema de libre mercado como es el que se supone que nos estamos mamando.
Por el otro lado están los requerimientos. Por ley de transparencia toda persona tiene derecho a solicitar información pública y que ésta le sea contestada en un tiempo que no puede superar los 20 días hábiles. En la práctica eso es mucho más estrecho y cuando llega una consulta "por ley de transparencia", se transforma siempre en una prioridad inmediata. Esto añade una cuota extra de stress y en ciertos momentos puede resultar una distorsión bastante grande en el trabajo que se está haciendo. Sobre todo cuando llegan varias al mismo tiempo. Uno desearía que hubiera un modo de que toda la información pública estuviera siempre disponible fácilmente, pero sobre todo, que la gente se diera el trabajo de buscar bien aquella que existe antes de "externalizar" el trabajo de búsqueda utilizando la ley. Hay harta flojera malacostumbrada a la inmediatez de google que ha encontrado un nicho en esta ley.

3) Los concursos públicos.
Funcionan con una lógica bastante semejante a las licitaciones, excepto por la oferta económica: lo que se gana en el sector público está fijado por ley y no hay donde negociar. Pero lo demás es bastante parecido. Es decir, hay términos de referencia, plazos para presentarse y debe haber una terna final de donde se sacará al futuro funcionario. Hoy por hoy prácticamente a todos los cargos se accede por concurso. Concursos que son algunos más públicos que otros, pero exceptuando los cargos de confianza, todos hemos pasado por procesos de selección.
El emblema es el sistema de alta dirección pública. Este sistema funciona de forma mixta, ya que al proveerse cargos que se supone antes eran de confianza, la jefatura del servicio siempre termina escogiendo a su criterio dentro de la terna que se le presentó. El tema es que para llegar a esa terna hay que pasar por una selección en manos del consejo de la alta dirección pública. Una vez elegido en el cargo, se está en el por 3 años prorrogables por otros 3 años más. Después de ese segundo período no se puede volver a ejercer dicho cargo. La idea es asegurar la rotación por un lado y una relativa indepencia de quien esté en el poder, por el otro. Es por eso que han sido tan ruidosos los despidos que ha hecho este gobierno de gente que había entrado por este sistema. Se supone que fue fruto de un acuerdo político cuya base está justamente en despolitizar los altos cargos y asegurar su profesionalismo. Por lo demás, el despedido de alguien que ha ingresado por este sistema es el único que recibe indemnización por parte del Estado.

Pero además, hay otro tipo de rigideces del Estado que intentan salvarse con ciertos concursos. Sucede que si al año siguiente no hay cupos ni de honorarios ni de contratas para algún profesional, se suele usar la vía del concurso público a través de algún otro organismo que tenga convenio con el Estado. Esto lleva a dos absurdos: el primero, que el Estado deba "tercerizar" gente que trabajará con las mismas responsabilidades, en el mismo lugar y con el mismo horario, pero teniendo en el papel como empleador al organismo del convenio. El segundo, que termina siendo el mismo profesional del Estado que deberá entrar por el concurso de dicho organismo el que prepare los términos de referencia para el cargo que va a ocupar. En otras palabras, es el encargado de diseñar los requisitos para SU cargo.
Esto supone un contrasentido al espíritu del concurso público, sin duda. Pero el tema es que tal concurso no debiera existir si lo que se busca es prorrogar el período de contrato de un profesional. El concurso pasa a ser una vil fachada (con palos blancos y todo) de la imposibilidad del Estado para superar sus propias rigideces.

Lo voy a dejar hasta acá por ahora. Creo que el punto está hecho. La idea no es denunciar turbiedades ni nada por el estilo. Simplemente se trata de ofrecer -desde lo que ha sido mi experiencia- una mirada en torno a los costos que pueden haber tras la transparencia. No diría "el lado feo", porque sería caer en el juego de que la transparencia es buena o bella por sí misma, pero sí diría su lado humano. Esas imperfecciones que nos recuerdan cómo se ha secularizado y hemos pretendido traer al mundo un ideal que tal vez siempre ha sido propio de lo divino.

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lunes, julio 12, 2010

El Gesto de la Semana: Economía Política del Transantiago

La micro con rodilla: un símbolo del Transantiago y fuente de sustos para los ciclistas.

Desde que hace algunos años le tomé el gusto a andar en bicicleta con lluvia, que prácticamente no utilizo el Transantiago. Mis desplazamientos casa-trabajo (que ocupan alrededor del 90% de mis viajes en la ciudad) los hago pedaleando, demorándome lo mismo o menos que si lo hiciera en micro o en metro. Y es, de los tres, claramente el medio de transporte más agradable.
Lo que quiero decir con esto es que ando en micros del Transantiago, sin exagerar, unos 3 días al año. Como mucho. Con esto cumplo con el requisito indispensable de todo aquél que pretende criticar, planificar, reformar, o mejorar el Transantiago: no usarlo.
De cualquier modo, esta columna no tiene ninguna de esas pretensiones.

El Transantiago es un buen "analizador" de nuestra realidad sociopolítica. En él (o a propósito de él) se pueden poner en juego muchas tensiones, ideologías y conflictos que tienden a ocultarse bastante bien.
En otras palabras, Transantiago es una excelente excusa para hacer algo que nos gusta mucho a los humanistas: hablar de otra cosa.

Veamos algunos ejemplos:


1) El déficit.

Mientras la derecha era oposición, el principal problema del sistema de transporte era que consistía en un "pozo sin fondo". El déficit del Transantiago era un problema muchísimo más grave que la calidad del servicio. Y todavía lo es.
Esto significaba mucha prensa a la hora de votar las "inyecciones" de recursos en el Congreso, y las amenazas de que no iba a haber más plata hasta que se solucionara el sistema. La derecha nunca ha dejado de ver el Transantiago como un mal negocio. Vale decir, una empresa cuya planificación y gestión deficiente hace que pierda plata.
El tema es que el transporte público probablemente debiera considerarse mucho más como un servicio básico que como un negocio. En este sentido, la orientación debiera estar en garantizar una racionalidad en los viajes dentro de la ciudad a la gran mayoría de la gente que debe desplazarse desde el lugar donde vive hasta donde trabaja.
¿A qué voy con esto? Pues a entender que es en el transporte público donde mejor se pueden poner recursos públicos a quienes más lo necesitan. Subsidiar el precio para que no alcance los 800 pesos es algo que beneficia muy directamente a los sectores que menos poder adquisitivo tienen. Porque para que el Transantiago sea "negocio", el pasaje tendría que subir mucho más todavía.


2) Las alzas.

Ya que estábamos hablando de esto, es en el subir el precio del pasaje donde se juegan las mayores sensibilidades políticas del asunto. El gobierno anterior -acusan en el actual- postergó un par de alzas comprometidas. Parece que no se quiso poner en riesgo la re-elección de la Concertación dilatando una medida intrínsecamente impopular. El gobierno actual tuvo algo de paciencia, pero inteligentemente escogió un par de partidos de Chile en el mundial para hacer las alzas. La alegría momentánea del fútbol fue capaz de aplacar la posible rabia.
Aunque en verdad creo que no somos muy capaces de articular movimientos sociales para defender derechos o causas. Y al parecer, el gobierno también cree lo mismo. De hecho, una de las formas de traspasar la responsabilidad (culpa) de las alzas a los mismos usuarios ha sido por la evasión: el pasaje sube porque entre ustedes hay quienes no pagan.


3) La evasión.

Hablando de la evasión, resulta interesante fijarse en las leves diferencias comunicacionales para combatirla que se guardan con la administración anterior. De los mensajes lúdicos y parcialmente colectivos de 31 minutos se pasó a un no metas la mano en el bolsillo de los que sí pagan. La apelación aquí no es a un sistema que se pone en riesgo, sino a que los que no pagan le roban a los que sí pagan.
El discurso derechista deja en claro que es la propiedad privada el único articulador de intereses y motivador de conductas. Que esto hay que mirarlo como interés individual y no colectivo. Y aunque parezca sutil la diferencia, aquí es donde pueden aparecer los contrastes entre entenderlo como un servicio que se le da a individuos y un sistema de transporte público.
Diferencia no menor, porque los individuos acomodados y egoístas que han florecido con esta manera de ver las cosas optaron por una salida cómoda y egoísta: subirse al auto. El absurdo cuadro que se puede ver a las horas de los tacos es que 9 de cada 10 autos sólo llevan a su conductor. Más de una tonelada de fierros para trasladar a una sola persona. A ese ritmo, unas cinco personas en sus autos ocupan el espacio de una micro en la calle.


4) La propiedad.

Uno de los grandes sellos del Transantiago es el ser una expresión de la manera concertacionista de hacer las cosas: ni chicha ni limoná. Un sistema planificado centralmente por el Estado pero operado y gestionado por privados. Independiente de esas declaraciones pre-candidatura de Frei ("Hay que estatizar el Transantiago"), lo cierto es que el Transantiago tiene esta condición mixta donde el Estado tiene poca injerencia, contratos demasiado permisivos, nula capacidad de fiscalización y obligación de ponerse siempre con la plata.
Es prácticamente el negocio perfecto para privados: ganancias aseguradas y posiciones monopólicas.
La Concertación no tuvo el coraje (probablemente tampoco el piso político) para intentar hacer un sistema de transporte público estatal. Es cierto, tampoco tenían las micros, pero la negociación de los contratos dieron cuenta de una muñeca débil. Siempre va a ser complicado entregar servicios públicos monopólicos a privados (como la electricidad y el agua), porque los "clientes" quedan a merced de no tener alternativas.
Para la derecha este régimen de propiedad es un alivio. El gobierno se desentiende de las demandas de los choferes en paro por ser un problema "entre privados", mientras los trabajadores sin sueldos ni imposiciones pagadas llevaban varios días pidiendo que se sentara el ministerio en al mesa de negociación.
Y no es de extrañarse, Ana Luisa Covarrubias, negacionista del calentamiento global y actual coordinadora del sistema era una "experta en transporte y medioambiente" del Instituto Libertad y Desarrollo. Siempre fue crítica del Transantiago, al que rotuló en su momento como una "mala idea, mal implementada".
En cualquier caso, no deja de ser paradójico que la derecha pida ahora mayores atribuciones para el Ministerio de Transporte. Rara vez se les puede ver pidiendo agrandar el Estado.


5) El Centralismo.

El mismo nombre del asunto desnuda el odioso centralismo de nuestro país. La prensa y políticos transformaron en un problema nacional lo que era solamente un problema de los santiaguinos. Como la mayoría de la población no vive en Santiago, había un pasar a llevar a las demás regiones y provincias utilizando recursos de todo el país y teniéndolo como tema país. Los populistas parlamentarios intentaron capitalizar esta molestia condicionando la entrega de nuevos recursos a mayores fondos para las regiones, sin embargo se desperdició una oportunidad para pensar realmente el tema: cómo dotar cada región o gran ciudad de nuestro país de un sistema de transporte confiable, racional y limpio.


6) Los cambios.

Nos habíamos (mal)acostumbrado a las micros amarillas. No había que esperarlas tanto y las veces que uno se tenía que ir parado eran solamente para las horas de alta demanda. Uno podía pedirle al micrero que lo llevara por menos plata y se podía cruzar Santiago cardinalmente sin bajarse nunca de la micro. Esto se pagaba con carreras entre las micros y los consiguientes accidentes, con un parque de micros mayor (aunque no mucho mayor) al actual y la consiguiente contaminación por el uso de una gran mayoría de micros viejas y humeantes.
El sistema actual eliminaba parte de las micros, utilizaba máquinas modernas y limpias y eliminaba las carreras y el manejo de plata por parte del conductor. Con el tiempo se dieron cuenta de que había que meter más micros en las calles, lo que implicaba "enchular" las antiguas.
Hoy, dentro de las reformas que se vienen, está el alargar los recorridos para que la gente tenga que hacer menos transbordos, poner distintos operadores en un mismo recorrido para que compitan y modificar el sistema de pago a los conductores para que se les pague por servicio prestado.
Estos cambios huelen tristemente a un regreso a lo peor de las micros amarillas: Choferes sin salario fijo, preocupados por manejar y por que los pasajeros paguen, y carreras de micros en las calles. Soluciones privadas para un problema "entre privados".

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